Jornada 02. Las oscuras sombras del poder 2010 (3)


El humvee avanzaba rápidamente a través de la arena, a pesar de que parecía ser que apenas botaba. Y Doc sonreía satisfecho. El peso que provocaba el blindaje del vehículo y el armamento que llevaba en la parte superior impedían que éste se levantara apenas del suelo. Junto a su humvee iban además dos vehículos orugas semipesados con soldados listos para saltar al más mínimo problema.

Y a pesar de todo… no podía evitar mirar de vez en cuando por la ventana buscando algo. La maldita capitana Grumpy. De alguna manera sus caminos se habían cruzado más veces de las que él hubiera esperado y deseado. Y además, esa mujer tenía la maldita manía de no morirse. Y de tratar de matarle.

Sabía que su vehículo podría soportar el impacto directo de un proyectil lanzado desde un bazooka. Un misil tierra-tierra o un antitanque sería otra cosa. Pero, ¿de dónde demonios sacaría esa condenada mujer esa clase de armamento?

Vio en la lejanía un helicóptero que protegía el flanco del grupo de vehículos, otro idéntico tenía la misma misión al otro lado. Al menos esta vez el comité se había esmerado en su seguridad. Suponía que eso demostraba que se estaban tomando en serio su nuevo proyecto.

Sonrió de nuevo al pensar en las posibilidades del mismo. Toda una isla para sus experimentos. Una isla fácil de controlar. Rodeada de agua de la que nadie podría escapar. Y podría ver de nuevo a los zombies en acción y a los patéticos humanos tratando de vencerles. Sin éxito seguramente. Fuera como fuera esa isla estaba condenada. Y lo mejor de todo es que nadie lo sabría. El comité se encargaría de enterrar el experimento como siempre habían hecho. Y al demostrarles que la sociedad no estaba preparada para otro apocalipsis zombie seguramente le darían de nuevo más dinero y más recursos. Y su posición volvería a ganar enteros.

Pero la maldita capitana… No, esta vez ni ella podría impedirlo. Lo tenía todo planeado. Y sería imposible que esa… mujer pudiera volver a interponerse.

Poco a poco el convoy fue frenando y perdiendo velocidad. Los helicópteros comenzaron a volar en círculo alrededor de una zona designada buscando cualquier cosa que estuviera fuera de lugar.

Los primeros en descender fueron los escoltas de Doc que rápidamente aseguraron la zona. Cuando se dieron por satisfechos indicaron a los ocupantes del vehículo principal que podían salir. Sin dilación Doc y sus guardaespaldas atravesaron el pequeño camino que separaba el vehículo de una entrada a una instalación subterránea.

La reunión estaba a punto de comenzar.

Jornada 02. Las oscuras sombras del poder 2010 (2)


Estimados compañeros:

Me complace presentarles el nuevo proyecto en el que estoy trabajando en base a sus peticiones de datos e información.

El objetivo del mismo es comprobar si la sociedad, tal y como esperamos, está preparada para una nueva aparición zombie. Para ello será necesario agrupar o crear un número considerable de zombies, para que éstos creen el suficiente pánico entre la población y podamos ver si realmente están preparados y saben reaccionar adecuadamente al problema que se les presenta.

Obviamente espero que mantengan a raya al ejército, dado que sería ridícula su intervención y el experimento de campo no tendría sentido.

Tal y como me han solicitado he buscado un lugar aislado y fácil de controlar. En este caso he encontrado una isla en el mar Mediterráneo la cual además cuenta con un observatorio militar en una parte aislada, y están acostumbrados a ver buques de guerra en sus aguas. Estoy hablando de la isla de Mallorca, perteneciente a España. Dicha isla cuenta con un núcleo urbano al lado de la costa y poblaciones alejadas del mismo. Eso nos permitirá comprobar los datos tantos en el entorno urbano como la expansión zombie a las poblaciones aisladas.

Dicha isla cuenta con una prisión cercana a la ciudad, lo que nos permitirá controlar la expansión de los no-muertos a lo largo y ancho de la isla (tiene la autopista al lado, así que no será muy complicado redirigirles hacia sus objetivos, y usaremos la población reclusa para obtener el número de zombies necesarios para este experimento.

Sería importante recalcar que el ejército debe quedarse aparte y no intervenir. Dejando a las autoridades locales todas las decisiones y la defensa de la isla. No obstante recomiendo usar a las fuerzas armadas norteamericanas que están estacionadas en el Mediterráneo para controlar el experimento por si… surgen problemas inesperados. Además, cuando el experimento se dé por terminado podrán usar la isla como campo de entrenamiento. Así podremos matar dos pájaros de un tiro.

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Estimado Doctor:

El comité estudiará su informe con atención y detenimiento.

No obstante apreciaríamos su presentación física y el poder contar con usted para que responda posibles preguntas que puedan surgir en dicha presentación.

Esperamos su confirmación y la fecha que le venga bien.

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Espero que su seguridad sea aumentada y se guarde en el más estricto de los secretos el lugar y la fecha de la reunión. Sólo el personal imprescindible debe saber que asistiré a dicha reunión y exijo transporte blindado en todo momento así como una escolta fuertemente armada y entrenada. Nada de los típicos armarios que sólo sirven para hacer bulto.

No quiero volver a tener sorpresas desagradables.

Jornada 02. Las oscuras sombras del poder 2010 (1)


Querido Doctor:

Es de suponer que está esperando este correo con su habitual impaciencia. Lo cierto es que a lo largo de los años su impaciencia se ha vuelto… molesta. Y su impertinencia siempre ha sido algo de lo que nos encantaría poder deshacernos. Pero parece que va acompañada de su inteligencia. A lo mejor podría un día, en su tiempo libre, investigar un método para deshacerse de esa molesta costumbre suya.

Pero estoy divagando.

Su reciente proyecto, otra invasión zombie, no ha sido aprobado por el comité. Comprendo que en estos momentos debe de estar llamándonos de todo, menos bonito, pero seguramente su brillante intelecto comprenderá que después del incontrolado fiasco del 85, del que todavía estamos sufriendo las consecuencias, nos encontramos reticentes a dejar que vuelva a hacer lo mismo por el simple placer de estudiar la reacción de los pobres humanos.

Si no puede garantizarnos un proyecto viable y seguro. Libre de anteriores… defecaciones, me temo que no daremos luz verde a su proyecto.

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Estimado amigo del comité:

Como pudo imaginar no me hizo especial gracia la determinación de su comité. Creo que son una pandilla de retrógrados que no ven el futuro. Y lo que es necesario para preservar la vida humana. Y su estrechez de miras puede costar las vidas del resto de la humanidad.

Deberían saber que los experimentos de campo no son precisamente conocidos por su exactitud. Por eso son experimentos de campo. Porque es necesario probar las teorías. Ustedes los teóricos se lo pasan muy bien con sus esquemas, sus cálculos y sus soluciones brillantes. Pero lo que siempre parecen olvidar es que alguien ha de probar en condiciones ambientales esos estudios suyos. Y cuando sus teorías no se cumplen parece que la culpa es de la gente que las lleva a cabo.

Si ustedes hubieran mantenido a raya al ejército nada de lo que me acusa hubiera pasado. Pero debían traer a sus soldaditos. Y generar el caos en un entorno de orden. Y NO OLVIDE QUE EL QUE MÁS HA SUFRIDO ESE FRACASO HE SIDO YO. Esa maldita capitana lleva una década persiguiéndome por todo el planeta y no ha sido gracias a ustedes que sigo vivo.

Pero dado que parece haberse convertido en un burócrata cualquiera, en unos días le entregaré mi plan para realizar el experimento en un entorno controlado para que no se vuelva a producir el accidente de la última vez que tanto les gusta reprocharme.

Jornada 01 Un nuevo comienzo (14)


Gerald observaba entre divertido y algo preocupado a sus sobrinos correr entre la gente que también iba a ver la cabalgata. Sus escoltas, en cambio, no se preocupaban en pasar desapercibidos; iban completamente armados y equipados, y se dejaban ver claramente. Eso complacía a Gerald. Aunque lo de la fuga le había preocupado algo, al ver en la recepción del hotel a los que se encargarían de proteger a sus sobrinos respiró tranquilo.

Sujetó con fuerza la mochila que llevaba mientras avanzaba entre el gentío que también iba acompañado de amigos, parejas o hijos, y trató de no perder de vista a sus pequeños acompañantes y que ningún amigo de lo ajeno tratara de meter la mano en la misma.

No le gustaba la gente y se sentía incómodo rodeado de la masa humana que había salido a las calles. Una de las razones por las que había acabado adquiriendo el castillo en el que había pasado casi todo el tiempo de la guerra contra los zombies era porque estaba aislado, no tenía que aguantar al perro del vecino o su estridente música, y además ya estaba preparado y equipado y apenas había que hacer un par de reformas. Además… nunca se sabía lo que podía pasar con esas malditas criaturas del averno. Si habían vuelto una vez a la vida…

Pero ahí estaba, en una isla, rodeado de agua y acompañando a sus sobrinos. Lo cierto es que no era precisamente un ser muy querido en su familia, pero afortunadamente el paso del tiempo, y el dinero, habían ayudado a arreglar los problemas entre ellos y había acabado siendo el tío excéntrico. Y eso a sus sobrinos les fascinaba. Su tiempo en el castillo era digno de ver. Conocían mejor el maldito montón de ruinas que él. Y les había acabado cogiendo aprecio.

A su familia no les había hecho gracia esta excursión. Pero él les había asegurado que estarían seguros. Que no había nada que temer. Incluso les había ofrecido venir… pero los padres habían visto la posibilidad de pasar unos días libres de sus servicios ‘parentales’ y salvo la resistencia inicial no habían puesto muchas pegas. Pero si algo tenía claro era que él haría honor a su promesa y no dejaría que les pasara nada. Ni aunque una legión de zombies apareciera de repente y comenzaran a matar a diestro y siniestro.

Finalmente llegaron a su destino. Todavía faltaban un par de horas para que comenzara la cabalgata de reyes. Pero todos los niños miraban hacia todos lados buscando el comienzo de la misma. Esperando que su impaciencia hiciera avanzar más rápidamente el reloj. Los pequeños y no tan pequeños se peleaban por estar en primera fila. Y de vez en cuando se oía algún grito de indignación y alguna maldición. La policía que había en la zona destinada a controlar a la turbe hacía todo lo que podía, pero los padres parecían ser más niños que sus hijos y no soportaban que les dijeran que se comportaran.

Gerald respiró hondo. Iba a ser una tarde muy larga.

Jornada 01 Un nuevo comienzo (13)


Pep les saludó con un leve movimiento de cabeza y éstos levantaron las manos alegremente.

-Tío Gerald nos estaba comentando la vez que derrotó a cien zombies de un solo golpe -comentaron todo felices haciendo grandes aspavientos- Y cómo él solo nos salvó del apocalipsis.

Pep miró con cierta curiosidad a Gerald, el cual le puso la mejor de sus sonrisas mientras se encogía de hombros.

Luego, sin dejar que se acercara más a la mesa le llevó un momento aparte, lejos de los curiosos oídos de sus sobrinos que les seguían con sus miradas atentos a cualquier cosa que hicieran o dijeran.

-¿Sucede algo? –preguntó con cierto tono de preocupación en su voz dándole la espalda a sus sobrinos-. Tu personal de seguridad se ha armado hasta los dientes y se ha equipado como si fuera a luchar contra un ejército. ¿Algo que deba saber?

-Al parecer se ha producido una fuga masiva en la cárcel –le explicó Pep en tono calmado y confidencial-. Las informaciones, para variar, son confusas. Mi jefe de seguridad es algo paranoico y teme que se produzca un baño de sangre y eso dé lugar a la aparición de algún zombie.

Gerald asintió con la cabeza comprendiendo la posible gravedad de la situación.

-Bien, bien –dijo algo más calmado-. Buena medida, sensata… pero una fuga el día de la cabalgata de Reyes… Ahora no sé si sacar del hotel a mis sobrinos como tenía previsto para llevarles a verla. No es que sea gran cosa, pero a ellos les hace ilusión así que… he aprendido a no discutir con ellos.

-Tranquilo, no creo que pase nada –le dijo Pep–, hay policía por todas partes y además, según decían en la tele, el ejército también está colaborando. Pero si lo prefiere puedo asignarle una escolta.

Durante unos segundos Gerald estuvo sopesando la posibilidad. No quería alarmar a sus sobrinos, aunque seguro que éstos se lo tomarían más como una aventura al estar acompañados de personas armadas a su alrededor. Pero tampoco quería que eso provocara que tuvieran problemas en la cabalgata…

-Más vale prevenir que curar –dijo finalmente asintiendo con la cabeza-. Mis hermanas no me perdonarían que les pasara algo a sus hijos… Si no es mucha molestia.

Pep le dio una palmadita en la espalda.

-No será ningún problema –dijo sonriendo- Al fin y al cabo es parte de nuestro servicio.

Gerald asintió y le indicó la mesa en la que los niños les estaban observando con mucha atención.

-Una vez solucionado ese pequeño problema y salvado el mundo otra vez, vamos a comer –dijo sonriendo-. Que parece que lo necesitas. Estás en los huesos, hombre, debes cuidarte un poco.

Jornada 01 Un nuevo comienzo (12)


Gerald parecía el típico rico excéntrico. Había conseguido sus millones después de la crisis zombie formando empresas de informática que ofrecían sus servicios a todo el mundo. Y pensar que había comenzado en el sótano de un castillo… que había sido lo primero que había comprado cuando la sociedad se había normalizado.

Al parecer ya era una persona con dinero antes de que los zombies destrozaran las vidas de todo el mundo. Pero la sociedad había visto cómo la mayoría de sus ordenadores no funcionaban tras el renacer… casi todos los técnicos informáticos habían muerto durante el apocalipsis zombie ya que al parecer la supervivencia no estaba entre las habilidades de la mayoría de ellos. Así que sus servicios se pagaban muy generosamente. Poco a poco fue delegando en sus ‘discípulos’ y él se dedicó a viajar por el mundo preparando al mismo para el siguiente apocalipsis… que defendía que iba a ocurrir tarde o temprano dado que así eran los humanos. Les daba por buscar la piedra en la que habían tropezado con anterioridad para volver a tropezar de nuevo en ella.

Sus caminos se habían cruzado en uno de los hoteles en los que había trabajado Pep en el extranjero. Gerald había pasado una época en España invitado por el gobierno popular para que les aconsejara y pusiera al día sus rudimentarios sistemas informáticos fruto de la dejadez socialista y había aprendido algo del idioma y se había enamorado del clima Mediterráneo.

Y cuando Pep le contó a Gerald su idea de crear un hotel anti-zombies enseguida se ofreció a financiarle, a montarle el entramado informático y convertirlo en el hotel más moderno del mundo, informáticamente hablando. Pep no estaba muy convencido, eso de la informática y de Internet (algo que Gerald decía que acabaría arrasando en el mundo entero) le parecía cosa de magia y una pérdida de tiempo. Pero quién le decía que no al tipo que tenía el dinero.

Y así su hotel se había convertido en uno de los primeros en ofrecer WiFi para los clientes, o acceso a través del puerto en las habitaciones o en un par de ordenadores en el hall. Y eso de Internet parecía ser muy apreciado por los clientes, así que…

Pep llegó al comedor y enseguida vio a Gerald. Había venido a pasar las vacaciones de Navidad a la isla acompañado de parte de su familia y, obviamente, se alojaban en el hotel. Afortunadamente no eran clientes ruidosos.

Gerald se levantó para saludarle y darle un abrazo de oso. A pesar de los años, el informático seguía teniendo un exagerado sobrepeso pero al parecer su corazón seguía resistiendo bien el esfuerzo. Rarezas de la naturaleza. Estaba acompañado por sus sobrinos que no superaban los 10 años y que parecían encantados de la compañía de Gerald.

Jornada 01 Un nuevo comienzo (11)


Pep suspiró mientras miraba la piscina climatizada desde la ventana de su despacho. Había sido una buena idea. Los clientes se sentían encantados pudiendo usarla durante el invierno y, en las raras ocasiones que nevaba, poder disfrutar de la nieve mientras se daban un chapuzón la mar de calentitos.

Salió de su despacho rumbo al hall del hotel. Debía dejarse ver de vez en cuando, saludar a los clientes y asegurar a sus empleados que seguía vivo y no había muerto fruto de algún derrumbe de papeles. Miró su reloj y comprobó para su asombro que era la hora de comer. Cómo pasaba el tiempo cuando uno estaba entretenido con las facturas.

Fue entonces cuando se fijó en el personal de seguridad… cosa que habitualmente no solía hacer. Pero en esta ocasión no podía pasarlos por alto. Iban equipados completamente: Chaleco antibalas, casco, rodilleras, coderas, el armamento pesado… algo espectacular ciertamente. Carlos estaba hablando con el recepcionista señalando las puertas. Se acercó a él.

-¿Tenemos un VIP especial del que nadie me ha informado? –preguntó interrumpiendo la conversación.

Carlos se giró para hacer contacto visual con él.

-No que yo sepa. Pero ya sabes cómo es esto de las sorpresas. Nunca vienen solas.

Fue entonces cuando Pep recordó el mensaje televisivo que había visto con anterioridad sobre los presos fugados.

-¿Temes que los fugados lleguen aquí? –dijo entre alarmado y sorprendido Pep.

-Temo un brote zombie –dijo Carlos seriamente-. Conseguir un arma en esta isla no es un problema. Así que imagínate un ejército de presos fugados y armados batallando contra la policía, la guardia civil y quien se les cruce por medio por las calles de la ciudad. La cantidad de muertes puede ser elevada.

Pep no había pensado en eso… Afortunadamente su jefe de seguridad realmente era competente.

-¿Algún problema más? –preguntó Pep mientras pensaba qué iba a comer.

-Las escoltas que ya están en las calles han sido avisadas y les he mandado material adicional, y tengo en alerta a todo el departamento. Algunos se me enfadarán por arruinarles el día de reyes pero… creo que lo entenderán. Aparte de eso… tu amigo informático y mi amigo informático –dijo Carlos cambiando el gesto serio por otro más relajado- no sé si se matarán o acabarán juntos –eso último lo dijo en voz baja. La homosexualidad no era precisamente algo que estaba bien visto en la sociedad y menos desde que la Iglesia lo había declarado prácticamente pecado mortal junto al aborto libre.

Pep se dio un golpe en la frente. Acababa de recordar que había quedado para comer con su inversor principal: Gerald, el magnate de la informática.

Jornada 01 Un nuevo comienzo (10)


La transición fue rápida. En apenas un mes Carlos, después de haber aceptado encantado la oferta, había formado su equipo de seguridad. Y las obras recomendadas comenzaron. Afortunadamente se realizaron durante temporada baja por lo que los clientes no se quejaron demasiado de las mismas, y menos cuando se les hizo diversas rebajas en el precio de su estancia y ofertas especiales por las molestias ocasionadas.

El equipo que Carlos había formado estaba compuesto en su mayoría por gente de la isla, o que había emigrado ante la falta de trabajo “serio”. El hotel comenzó incluso a ofrecer servicios de escolta a sus huéspedes, un servicio adicional para los más paranoicos. Algunos sólo lo contrataban para ostentar, a pesar de que el personal que le acompañaba no se tomaba a broma su trabajo. Aunque la población zombie había sido controlada casi completamente no había semana en la que no hubiera algún susto.

El mayor problema se encontraba en las playas. ¿Cómo proteger a un VIP que se metía alegremente en el agua? Mallorca no era conocida ciertamente por sus peligros acuáticos… hasta que los turistas comenzaron a ser atacados por zombies arrastrados por las mareas a las playas mallorquinas. Alguien había sugerido una solución cuando menos megalomaniática como era vallar toda la costa para impedir que se colaran los zombies. Pero aunque en algunas calas eso era posible en la playa principal conocida como S’Arenal, era completamente imposible, una línea casi recta de costa de unos seis kilómetros. Así que la solución que se había encontrado era contratar socorristas con el título de tirador experto.

El problema con esa solución había surgido cuando el número de muertes por disparos accidentales había sido superior al de muertes por ataques de zombies. Los inspectores de trabajo tuvieron que ponerse duros y realizar pruebas a los socorristas para comprobar que realmente no habían obtenido el título en una feria.

Además de eso se había decidido patrullar las costas tanto con lanchas como con mini submarinos no tripulados en búsqueda de no-muertos. Tratando de acabar con ellos antes de que alcanzaran la costa. Obvia decir que no se tardó en convertir en una cara atracción turística: “Patrulle junto a nuestros vigilantes las playas de Mallorca en busca de zombies”. Todo por el dinero.

El servicio de escolta del hotel incluía su propio mini submarino que era dirigido desde el hotel para apoyar al grupo de escolta que estaba en la playa preparado para lo peor. Era un operativo costoso pero que los clientes pagaban sin problemas con tal de asegurarse que su pierna no sería mordida por algo que no fuera un animal.

El personal de seguridad del hotel se convirtió en una razón más para confiar en el hotel y hospedarse en el mismo. Parecían que las cosas iban viento en popa para el negocio.

Jornada 01 Un nuevo comienzo (09)


Durante la primera media hora, entremeses mediante, ambos se estuvieron estudiando hablando de cosas triviales: deportes, política, religión, mientras tomaban nota de las respuestas y reacciones del otro. Ambos habían tenido experiencias diversas con los zombies, y con la gente en general, y parecían tener en común el preocuparse por la seguridad de la gente.

Cuando le preguntó por las medidas de seguridad del hotel Carlos sonrió enigmáticamente. Pero no dijo nada. Pep insistió.

-Bueno, no se lo tome a mal, pero contratar la seguridad de su hotel a una empresa externa no es la mejor opción –le señaló Carlos-. La gente pagada por otra gente no se preocupa de los clientes más de lo debido, y su fidelidad sólo es tan buena como el dinero que cobren de la empresa. No lo que usted le pague a la empresa.

Pep asintió y le indicó que continuara. Realmente era una de las razones para tener su propia seguridad privada. Pagar a la gente directamente de manera que se sintieran parte de algo y no simplemente empleados a sueldo.

-Luego está la piscina –continuó- que, bueno, es algo exótico que esté fuera del hotel entre los carriles de la carrtera, pero… de cara a la seguridad… sería mejor que fuera una piscina cubierta, con cristales antibalas a ser posible, además de esa manera podría tener la piscina climatizada, y sus clientes también podrían usarla en invierno.

El silencio se hizo entre ellos cuando el camarero trajo los primeros platos. Ambos comieron en silencio la deliciosa comida que el cocinero había preparado ese día. Mientras esperaban el segundo plato Pep tomó la palabra.

-Son unas observaciones adecuadas, que su jefe ha… omitido cuando le pedí un informe. O simplemente no le pareció importante –Pep hizo una pequeña pausa mientras bebía un trago de vino-. Desde hace un tiempo llevo buscando un jefe de seguridad que resuelva esas y otras cosas que hay en el hotel.

>> Entienda que mi primera prioridad son los clientes. Y los empleados por extensión. Si todos están cómodos todos ganamos. Y la seguridad es un tema que me preocupa profundamente. Quiero dar una auténtica sensación de la misma. Pero no sólo darla. Quiero que, si llegado el caso, esa sensación sea una realidad, y que pueda asegurar a mis clientes que no les pasará nada.

-La perfección no existe –le indicó Carlos-. Siempre está el factor X. Ese algo que puede ocurrir. O como decía nuestro buen amigo Murphy: Si algo malo pasara, no sólo pasara, sino que será peor de lo que pensabas y esperabas.

Pep sonrió.

-O como también se dice: Espera lo mejor, pero prepárate para lo peor.

Carlos asintió. Y Pep volvió a tomar la palabra.

-¿Entonces puedo dar por asumido que quiere el puesto de jefe de seguridad?

Jornada 01 Un nuevo comienzo (08)


El problema era que, al igual que los turistas, los jefes de seguridad en la isla escaseaban. Sabían que era una ratonera. Y si alguna vez volvían los zombies con fuerza no había nada que hacer.

Hasta que un día mientras hablaba con un cliente éste le felicitó por uno de los miembros de seguridad del hotel. Investigando más descubrió que entre el personal contratado no todos eran más rápidos con el gatillo que con el cerebro y poco a poco fue escuchando grandes cosas de esa persona, tanto entre los empleados del hotel como entre los clientes. Al parecer era una persona educada y sociable que trataba de ayudar en lo que fuera necesario.

Lo primero que hizo fue conseguir su currículum y estudiarlo. Tenía un título universitario y había sobrevivido a los zombies en Mallorca en el ’85. Pero sus jefes no parecían tenerle en alta estima a juzgar por las continuas notas negativas presentadas por los mismos… lo cual hacía que tuviera más interés por él. Había aprendido que si un superior se quejaba continuamente de un empleado pero no le despedía… era que simplemente lo consideraba una amenaza para su puesto.

Se decidió en que tenía que conocer a ese hombre.

Así que un día en el que éste trabajaba se acercó a él y le invitó a comer cuando pudiera. Carlos, que así se llamaba el miembro de seguridad, se mostró algo sorprendido que el director del hotel le invitara a comer, pero no fue impedimento para que aceptara quedar con él.

Poco después se encontraron los dos comiendo en uno de los restaurantes más tradicionales de la ciudad que se encontraba cerca de su casco antiguo, el celler Sa Premsa, y que estaba como era habitual lleno por los estupendos platos caseros elaborados por sus cocineros. Lo cierto era que a pesar de la caída de visitantes extranjeros el restaurante había resistido gracias a los clientes locales que se habían convertido en habituales.

El motivo por el que Pep había elegido ese sitio no era únicamente por su buena comida, sino también porque había un ruido de fondo que impedía que nadie escuchara sus conversaciones. Y en el mundo hotelero los espías se ganaban el sueldo de la misma manera que en cualquier otro negocio. La información era poder. Y saber a quién estaba tanteando el nuevo Rey Midas como jefe de seguridad era una información realmente golosa.

Pep le ofreció un cigarrillo a Carlos mientras encendía uno para sí mismo mientras esperaban los entrantes, éste negó con la mano. Pep le dio una calada a su cigarrillo y luego soltó el humo haciendo que se uniera a la nube blanca que flotaba sobre sus cabezas.