Jornada 02. Las oscuras sombras del poder 2010 (3)


El humvee avanzaba rápidamente a través de la arena, a pesar de que parecía ser que apenas botaba. Y Doc sonreía satisfecho. El peso que provocaba el blindaje del vehículo y el armamento que llevaba en la parte superior impedían que éste se levantara apenas del suelo. Junto a su humvee iban además dos vehículos orugas semipesados con soldados listos para saltar al más mínimo problema.

Y a pesar de todo… no podía evitar mirar de vez en cuando por la ventana buscando algo. La maldita capitana Grumpy. De alguna manera sus caminos se habían cruzado más veces de las que él hubiera esperado y deseado. Y además, esa mujer tenía la maldita manía de no morirse. Y de tratar de matarle.

Sabía que su vehículo podría soportar el impacto directo de un proyectil lanzado desde un bazooka. Un misil tierra-tierra o un antitanque sería otra cosa. Pero, ¿de dónde demonios sacaría esa condenada mujer esa clase de armamento?

Vio en la lejanía un helicóptero que protegía el flanco del grupo de vehículos, otro idéntico tenía la misma misión al otro lado. Al menos esta vez el comité se había esmerado en su seguridad. Suponía que eso demostraba que se estaban tomando en serio su nuevo proyecto.

Sonrió de nuevo al pensar en las posibilidades del mismo. Toda una isla para sus experimentos. Una isla fácil de controlar. Rodeada de agua de la que nadie podría escapar. Y podría ver de nuevo a los zombies en acción y a los patéticos humanos tratando de vencerles. Sin éxito seguramente. Fuera como fuera esa isla estaba condenada. Y lo mejor de todo es que nadie lo sabría. El comité se encargaría de enterrar el experimento como siempre habían hecho. Y al demostrarles que la sociedad no estaba preparada para otro apocalipsis zombie seguramente le darían de nuevo más dinero y más recursos. Y su posición volvería a ganar enteros.

Pero la maldita capitana… No, esta vez ni ella podría impedirlo. Lo tenía todo planeado. Y sería imposible que esa… mujer pudiera volver a interponerse.

Poco a poco el convoy fue frenando y perdiendo velocidad. Los helicópteros comenzaron a volar en círculo alrededor de una zona designada buscando cualquier cosa que estuviera fuera de lugar.

Los primeros en descender fueron los escoltas de Doc que rápidamente aseguraron la zona. Cuando se dieron por satisfechos indicaron a los ocupantes del vehículo principal que podían salir. Sin dilación Doc y sus guardaespaldas atravesaron el pequeño camino que separaba el vehículo de una entrada a una instalación subterránea.

La reunión estaba a punto de comenzar.