Jornada 02. Las oscuras sombras del poder 2010 (1)


Querido Doctor:

Es de suponer que está esperando este correo con su habitual impaciencia. Lo cierto es que a lo largo de los años su impaciencia se ha vuelto… molesta. Y su impertinencia siempre ha sido algo de lo que nos encantaría poder deshacernos. Pero parece que va acompañada de su inteligencia. A lo mejor podría un día, en su tiempo libre, investigar un método para deshacerse de esa molesta costumbre suya.

Pero estoy divagando.

Su reciente proyecto, otra invasión zombie, no ha sido aprobado por el comité. Comprendo que en estos momentos debe de estar llamándonos de todo, menos bonito, pero seguramente su brillante intelecto comprenderá que después del incontrolado fiasco del 85, del que todavía estamos sufriendo las consecuencias, nos encontramos reticentes a dejar que vuelva a hacer lo mismo por el simple placer de estudiar la reacción de los pobres humanos.

Si no puede garantizarnos un proyecto viable y seguro. Libre de anteriores… defecaciones, me temo que no daremos luz verde a su proyecto.

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Estimado amigo del comité:

Como pudo imaginar no me hizo especial gracia la determinación de su comité. Creo que son una pandilla de retrógrados que no ven el futuro. Y lo que es necesario para preservar la vida humana. Y su estrechez de miras puede costar las vidas del resto de la humanidad.

Deberían saber que los experimentos de campo no son precisamente conocidos por su exactitud. Por eso son experimentos de campo. Porque es necesario probar las teorías. Ustedes los teóricos se lo pasan muy bien con sus esquemas, sus cálculos y sus soluciones brillantes. Pero lo que siempre parecen olvidar es que alguien ha de probar en condiciones ambientales esos estudios suyos. Y cuando sus teorías no se cumplen parece que la culpa es de la gente que las lleva a cabo.

Si ustedes hubieran mantenido a raya al ejército nada de lo que me acusa hubiera pasado. Pero debían traer a sus soldaditos. Y generar el caos en un entorno de orden. Y NO OLVIDE QUE EL QUE MÁS HA SUFRIDO ESE FRACASO HE SIDO YO. Esa maldita capitana lleva una década persiguiéndome por todo el planeta y no ha sido gracias a ustedes que sigo vivo.

Pero dado que parece haberse convertido en un burócrata cualquiera, en unos días le entregaré mi plan para realizar el experimento en un entorno controlado para que no se vuelva a producir el accidente de la última vez que tanto les gusta reprocharme.

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