Jornada 01 Un nuevo comienzo (11)


Pep suspiró mientras miraba la piscina climatizada desde la ventana de su despacho. Había sido una buena idea. Los clientes se sentían encantados pudiendo usarla durante el invierno y, en las raras ocasiones que nevaba, poder disfrutar de la nieve mientras se daban un chapuzón la mar de calentitos.

Salió de su despacho rumbo al hall del hotel. Debía dejarse ver de vez en cuando, saludar a los clientes y asegurar a sus empleados que seguía vivo y no había muerto fruto de algún derrumbe de papeles. Miró su reloj y comprobó para su asombro que era la hora de comer. Cómo pasaba el tiempo cuando uno estaba entretenido con las facturas.

Fue entonces cuando se fijó en el personal de seguridad… cosa que habitualmente no solía hacer. Pero en esta ocasión no podía pasarlos por alto. Iban equipados completamente: Chaleco antibalas, casco, rodilleras, coderas, el armamento pesado… algo espectacular ciertamente. Carlos estaba hablando con el recepcionista señalando las puertas. Se acercó a él.

-¿Tenemos un VIP especial del que nadie me ha informado? –preguntó interrumpiendo la conversación.

Carlos se giró para hacer contacto visual con él.

-No que yo sepa. Pero ya sabes cómo es esto de las sorpresas. Nunca vienen solas.

Fue entonces cuando Pep recordó el mensaje televisivo que había visto con anterioridad sobre los presos fugados.

-¿Temes que los fugados lleguen aquí? –dijo entre alarmado y sorprendido Pep.

-Temo un brote zombie –dijo Carlos seriamente-. Conseguir un arma en esta isla no es un problema. Así que imagínate un ejército de presos fugados y armados batallando contra la policía, la guardia civil y quien se les cruce por medio por las calles de la ciudad. La cantidad de muertes puede ser elevada.

Pep no había pensado en eso… Afortunadamente su jefe de seguridad realmente era competente.

-¿Algún problema más? –preguntó Pep mientras pensaba qué iba a comer.

-Las escoltas que ya están en las calles han sido avisadas y les he mandado material adicional, y tengo en alerta a todo el departamento. Algunos se me enfadarán por arruinarles el día de reyes pero… creo que lo entenderán. Aparte de eso… tu amigo informático y mi amigo informático –dijo Carlos cambiando el gesto serio por otro más relajado- no sé si se matarán o acabarán juntos –eso último lo dijo en voz baja. La homosexualidad no era precisamente algo que estaba bien visto en la sociedad y menos desde que la Iglesia lo había declarado prácticamente pecado mortal junto al aborto libre.

Pep se dio un golpe en la frente. Acababa de recordar que había quedado para comer con su inversor principal: Gerald, el magnate de la informática.

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