Jornada 01 Un nuevo comienzo (07)


Por supuesto el primer hotel que tuvo todas las reformas acabadas y con el visto bueno del inspector fue el de Pep. Así que recibió la publicidad gratuita de la televisión, y la inauguración fue un fenómeno social al que asistieron la flor y nata de la isla, del país y de parte del extranjero. Una ayuda extra que no había previsto pero que hacía que todos los focos se centraran en él y su nueva aventura.

Durante las siguientes semanas estuvo invitado a una docena de programas de televisión, todos de gran audiencia, incluyendo los programas del corazón que estaban interesados en las habitaciones VIP, las medidas de seguridad que tendrían los famosos… y toda esa publicidad sin tener que gastar una peseta o pedir favor alguno. Incluso recibió peticiones de programas de radio para hacer especiales desde el hotel. Y, cuando la liga de fútbol se reanudó, los primeros equipos que venían como visitantes para jugar contra el Mallorca eligieron su hotel para descansar… sin temer por su seguridad.

Y, además de todo eso, el Obispo y un enviado especial del Papa bendijeron el hotel. No podía pedir más. Bueno, sí, que el mismo Papa visitara la isla y se alojara en su hotel. Pero eso sí que no iba a pasar nunca.

Después del boom inicial y con el resto de hoteles acabando sus reformas las cosas volvieron a la normalidad. Pero la primera etapa del hotel le había situado en el mapa del mundo y ahora, aunque las cosas en el futuro fueran lentas, tenía una base económica más sólida de lo que había previsto.

Si había algo en lo que Pep también había insistido era en la contratación de personal. No quería gente descontenta. No quería trabajadores vagos ni ladrones, ni gente que no se defendiera en, al menos, un idioma extranjero. No escatimó en dinero. Ofreció a sus empleados un sueldo justo, y toda la ayuda que pudiera. Quería que su hotel fuera ejemplar en todos los aspectos.

Lo que más le costó encontrar fue un buen jefe de seguridad. Durante los primeros meses había contratado a un servicio de seguridad externo. Pero quería tener un servicio propio. No depender de gente que, en su mayoría, estaban fuera de forma, estaban amargados por lo poco que cobraban o iban demasiado sobrados por llevar un arma de fuego encima. Nada de eso era bueno para la imagen del hotel. Pero encontrar a alguien que se hiciera cargo de la seguridad se estaba convirtiendo en una ardua tarea. Y no era por falta de candidatos. Era por falta de brillantez y experiencia en campos que no fueran matar zombies. El trabajo no sólo consistía en eso a pesar de lo que la gente creía.

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