Jornada 01 Un nuevo comienzo (06)


Pep estaba tan seguro de que la ley se aprobaría y que se haría con sus sugerencias que nada más salir había comenzado a realizar los preparativos. Su primera intención siempre había sido construir el hotel desde cero, pero eso llevaría demasiado tiempo. Así que había aprovechado que el mercado inmobiliario estaba de capa caída y había adquirido un hotel en primera línea del lujoso Paseo Marítimo. No tenía playa enfrente pero tenía una preciosa piscina desde la que se podía disfrutar del puerto.

Luego había contratado a un arquitecto para que diseñara el nuevo hotel según sus cambios y especificaciones. Había costado encontrar un arquitecto honrado que no le ofreciera abaratar los precios o las triquiñuelas típicas del negocio. Pep siempre se había negado. Su hotel tenía que ser el mejor, y no se podía dudar de su seguridad. Ni de los materiales que usara. Ahora sólo quedaba esperar para poder comenzar las obras.

Apenas una semana después de su reunión Pep recibió de manos de un mensajero un paquete que contenía la futura ley que sería aprobada por vía urgente en la que se explicaba la nueva normativa de construcción con pelos y señales. Una ley anti-zombie para los constructores en general, y los hoteleros en particular.

Lo primero que hizo fue revisar todos los papeles que había ido acumulando a lo largo de las semanas anteriores. Los permisos los había obtenido sin problemas gracias a la recomendación de su “amigo”, los proyectos del arquitecto estaban todos en orden y según sus especificaciones, los contratos con los constructores estaban firmados pero sin fecha. Parecía tenerlo todo correctamente. Respiró hondo y cogió el teléfono, marcó un número rápidamente. Después de dos tonos alguien respondió el teléfono.

-Ya tengo los papeles. Ningún cambio –dijo Pep completamente extasiado-. Ya podéis comenzar las reformas.

Al cabo de varias semanas la ley era aprobada sin problemas. Era lo que pasaba cuando tenías mayoría absoluta y cualquier postura en contra de revitalizar el turismo y crear seguridad en la población era tomada como una medida contra la isla y sus habitantes.

Al principio los hoteleros mostraron, como era de esperar, su rechazo a esa nueva normativa, y se quejaron amargamente del gasto que ocasionaría. Pero poco a poco sus amigos constructores, o ellos mismos que tenían también participaciones en las empresas, les convencieron de lo buena que era la ley.

Además, tampoco es que estuvieran ganando dinero con la situación actual. Así que si conseguían salir adelante… Y las ayudas del gobierno eran muy sabrosas y atractivas.

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