Jornada 11. El final del principio III (VIII)


Mara bajó la cabeza.

-Lo siento –dijo en voz baja-. ¿Seguro que… murió? Quiero decir, cuando me enteré del bombardeo ordené evacuar la ciudad…

Sam negó con la cabeza y sonrió tristemente.

-Me mandó un mensaje diciendo que se quedaba hasta poder sacar a la gente.

Mara se incorporó.

-Entonces ya sabía lo que pasó en la ciudad –dijo algo enfadada Mara.

-No conocía los detalles –le aclaró Sam-. Pero sabía que lo que fuera que había ocurrido no era normal.

-Aun así… podría seguir vivo… -dijo débilmente Mara.

Sam volvió a negar con la cabeza.

-Está muerto –dijo con tono triste.

-Y, ¿entonces? ¿A qué ha venido el interrogatorio? –preguntó molesta Mara.

-Quería saber a quién debía buscar para hacerle pagar –sonrió tenebrosamente Sam-. Y parece que mataré dos pájaros de un tiro.

-Pues buena suerte hermana –dijo escéptica Mara-, dudo que consigas acabar con la gente que ha orquestado todo esto. Incluso dudo que puedas acercarte a nadie antes de que acaben contigo.

-Creía que podríamos trabajar juntas. No creo que tampoco le tenga aprecio a esa gente que en este momento está planeando su muerte.

Mara miró con curiosidad a Sam.

-Digamos que el sargento no es del todo apreciado en la base. Ni siquiera el general y Henry, mi antiguo jefe, le tenían especial aprecio. Cuando comenzaron a pasar cosas extrañas el general ordenó vigilar todas las comunicaciones. Y sólo los oficiales de comunicación estaban enterados de esa orden. Por lo visto el sargento ha estado muy comunicativo estos días… y ha usado canales no oficiales para ello.

-Sospechaba que no era trigo limpio –respondió Mara-. Ni siquiera se molestaba en disimular.

Sam se llevó la mano al bolsillo y Mara pensó por un momento que iba a sacar un arma. Pero en cambio sacó algo metálico pero que no parecía para nada un arma. Se lo lanzó a través de las rejas yendo a aterrizar en la ropa de la cama.

Mara cogió el objeto. Una llave. Y miró interrogativamente a Sam.

-Es la llave de la celda –le aclaró Sam-, podemos salir por el mismo sitio por el que he entrado.

Mara estudió la llave y sonrió.

-Me temo que no puedo irme.

-¿Cómo? –Preguntó sorprendida Sam–. Si se queda aquí su vida corre peligro. Es un pato enjaulado.

-No tengo planeado quedarme. El problema es que ya hay planes en marcha para… ayudarme. Además, le debo una entrevista al sargento. Hable con el sacerdote y dígale que en el cambio de guardia esté preparado. Y que traiga ayuda. Tengo que llevarme un recuerdo de este sitio –dijo sonriendo Mara misteriosamente.

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1 comentario

  1. Muy buen post, aunque debo admitir que leer un poquito cada dia me esta volviendo loco..


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