Jornada 11. El final del principio III (VI)


Esa misma noche, mientras Mara le daba vueltas en la cabeza a la manera de salir de la base un ruido le llamó la atención. Pocos segundos después una persona aparecía y se quedaba delante de la celda.

Mara la miró con curiosidad. La luz de la luna se colaba por la ventana de su celda y por otros lugares y le permitía ver a la persona que se había colado irregularmente en el edificio. Una mujer.

-No he pedido ningún masaje –dijo con tono descuidado Mara- y no creo que éstas sean horas para hacer las habitaciones.

-Así que éste es el humor de la infame capitana Mara Grumpy, la destructora de mundos.

-Yo no lo calificaría de humor –dijo Mara-, y creo que ‘de universos’ es más espectacular.

-Para estar en una situación tan grave no parece preocupada.

Mara se permitió sonreír.

-Está hablando con alguien que perdió la memoria y ha sobrevivido hasta ahora de esa manera; estar aquí encerrada es… un cambio agradable –le aclaró Mara-. Quiero decir, puedo dormir sin preocupación de que un zombie se coma mi cerebro, me dan comida y agua, y tengo mi propio servicio. Comparado con cómo estaba hace unos días… esto es el paraíso.

-¿Aunque le puedan poner delante de un pelotón de ejecución?

-Oh vamos, vamos, no sea tan agorera. Seguimos estando en una democracia, con jueces, abogados y esas cosas, ¿verdad?

-Depende de a quién pregunte –digo sombría la mujer-, si sobrevivimos puede que se encuentre con un mundo diferente al que recordaba.

-Oh, eso seguro –dijo sonriendo y en tono cínico Mara-. Ahora se notará más que nunca a esos políticos que parecían muertos vivientes.

>>Sin olvidar a los defensores de los zombies, que seguro que los habrá –continuó Mara-. Y pedirán que no les matemos, que son seres vivos y que tenemos que respetarles. Ahora que lo pienso… no creo que el mundo cambie mucho.

-Supongo que se estará preguntando quién soy y qué hago aquí.

-No realmente –dijo Mara tranquilamente-. Está viva y habla, así que no es un zombie. Si me quiere matar, poco podré hacer para impedirlo. Claro que preferiría que fuera con una bala y no de aburrimiento.

-Mi nombre es Samantha –dijo a modo de presentación la mujer-, antes de la cosa ésta de los zombies trabajaba en la seguridad privada, después de pasar unos años sirviendo en el ejército. Y quiero saber la verdad.