Jornada 10. El final del principio II (XX)


Sam subió a la azotea y se sentó mirando hacia el patio. Los zombies seguían invadiendo cada vez en mayor cantidad el interior aunque parecía que al único edificio al que habían accedido era el suyo. La mayoría pululaban de forma errática y sin rumbo. Al igual que dentro del edificio.

Eso era lo más desconcertante de esos malditos bichos. Que su comportamiento no tenía sentido. Sus movimientos no parecían tener ningún objetivo salvo el de atrapar a su presa. Lo cierto era que no había tenido mucho contacto con los no-muertos. Y aquella era la primera ocasión que los había visto en ese número tan grande y podía estudiarlos sin… peligro.

Aunque por lo que podía ver no había mucho que estudiar. Eran estúpidos. Sin rastro alguno de inteligencia. Y no parecían ser conscientes del daño que sufría su cuerpo. Les daba igual que les faltara un brazo o tuvieran toda la piel carbonizada, mientras sus músculos pudieran responder su cuerpo seguía en movimiento.

Y el olor. Nunca se había dado cuenta realmente de ello. Pero apestaban. Carne podrida. Y ahora además, carne quemada. Era insoportable. Y cada vez que descansaba la vista veía los destrozos ocasionados por las explosiones de los jeeps y recordaba la muerte de Henry, el general Smith y el resto de soldados.

Cerró los ojos tratando de olvidar las escenas, pero a su mente volvían las atroces escenas. Escuchó a lo lejos el ruido de los truenos. ¿Otra tormenta? Tal vez el agua ayudaría a limpiar el olor a muerte. Pero había algo extraño. Los truenos eran muy seguidos.

A su pesar no pudo evitar abrir los ojos tratando de ver el origen de los truenos. Al principio no pudo ver nada pero de repente en las afueras de la base comenzaron a sucederse las explosiones una detrás de otra. Y los zombies comenzaron a ser hechos pedacitos.

Poco a poco el ruido de los truenos se convirtieron en los terribles ruidos que los potentes motores de los tanques hacían. Sam observó cómo en su primera aproximación los tanques descargaban sin descanso su arsenal a través de sus largos cañones sobre los zombies que había en el exterior de la base.

Cuando los tanques se habían acercado más a la base los cañones guardaron silencio y un ruido más aterrador se empezó a escuchar. El que provocaban las orugas de esos pesados vehículos al pasar por encima de zombies, vivos o muertos, y aplastarlos. Se podía escuchar cómo los huesos de los cuerpos de los no-muertos eran triturados y aplastados. El espectáculo después de que los tanques pasaran por encima de una zona era vomitivo. No quedaba nada en pie ni entero.

Sam pensó aliviada que todo había terminado. De momento.

Desde la distancia Mara había observado todo lo que había pasado en la base y en su exterior sin poder hacer nada. Con lágrimas en los ojos había asistido a la muerte de su superior, el general Smith. Sus puños se cerraron y sus dedos se apretaron tanto que las palmas de sus manos comenzaron a sangrar debido a la rabia e impotencia que sentía en aquel momento. Lo recordaba todo, y ahora tenía claro que su misión era encontrar y matar a Doc.

Jornada 10. El final del principio II (XIX)


La planta baja se había ido vaciando de manera que ya sólo quedaban los zombies y los soldados en la misma. Los civiles, ahora a salvo, ya estaban más tranquilos y aguardaban con tensión en el primer piso a ver qué iba a ocurrir ahora esperando que los soldados les siguieran protegiendo y no salieran huyendo… como si pudieran.

Sam indicó a los soldados que se retiraran. Los primeros soldados habían llegado al primer piso y habían comenzado a disparar para cubrir a sus compañeros. Sólo había un detalle que no le había gustado a Sam. Los heridos graves… a pesar de que al final habían podido evacuarlos al primer piso, teniendo que obligar a varias personas para ello, no tenían posibilidades de sobrevivir si no los llevaban hasta el recinto médico de la base. Algo que ahora era imposible debido a los zombies que deambulaban por todo el exterior de la base. Al menos todos los heridos habían sido por otros humanos, y no presentaban heridas provocadas por zombies. Un par de voluntarios comenzaron a tratarlos con los botiquines y material médico que habían acumulado con anterioridad en el primer piso.

Algunos supervivientes y soldados habían intentado también evacuar a los muertos pero Sam se había negado categóricamente. No sólo por razones higiénicas sino también por razones de seguridad. Era como tener al enemigo en casa. Lo único que se podía hacer por ellos era asegurarse de que no volvieran a la vida como aquellos monstruos. Una tarea que seguía sin ser nada sencilla.

El último de los soldados subió por las escaleras y Sam dio la orden.

Una serie de pequeñas explosiones retumbó en el interior del edificio vacío y el sonido se expandió por el eco existente. Un tramo de las escaleras se derrumbó dejando el primer piso incomunicado y sin opción para los zombies para alcanzarles… al menos por ahora.

Sam, con la ayuda de los soldados, distribuyó a los refugiados como pudo. El espacio de la primera planta era finito e incluso le había costado que la gente cediera las zonas más cómodas a heridos y los más necesitados. Era increíble ver cómo después de todo lo que había pasado la miseria humana seguía existiendo. En más de una ocasión tuvo que amenazar con lanzar a alguna persona a los zombies si no cedía en su tozudería. Al menos algunos estaban de acuerdo con quedarse en el tejado y trataban de causar los menores problemas posibles siendo conscientes de lo que estaba pasando… a pesar de estar en primera línea de lo que era el recuerdo de la batalla que se había llevado en el patio de la base poco tiempo antes y que tan desagradable olor había dejado en el aire. Al menos tendrían suministros para resistir pero ¿Por cuánto tiempo? Era cierto que el edificio tenía un pequeño baño con ducha, pero el número de personas era grande y las reservas de agua eran pequeñas.

Sólo se podía esperar a que de alguna manera hubiera un milagro.

Jornada 10. El final del principio II (XVIII)


Sam estaba desbordada. Al igual que los soldados. Los civiles eran intratables y no escuchaban a nadie. Había sido aparecer los primeros zombies y las personas se habían convertido en una masa aterrada con la que no se podía entrar en razón, algo que a su modo le recordaba a los zombies.

Trató de coordinar a los soldados de manera que la mayoría se encargara de disparar a los zombies que entraban por el agujero de la pared mientras un pequeño grupo trataba de acabar con los zombies que habían entrado disparados por las ventanas. La mayoría no eran un problema físicamente dado que el vuelo y el aterrizaje les había destrozado las piernas o les había partido en dos… sino habían sido afectados antes por la explosión. Pero la gente no era consciente de ello. Sólo veían zombies, un peligro. No eran capaces de ver que eran casi inofensivos, incapaces apenas de moverse.

Los soldados acabaron sistemáticamente con esos zombies pero la gente seguía sin calmarse. Constantemente miraban al agujero por el que los zombies iban entrando cada vez en más número y veían que las colas en las escaleras no avanzaban por lo que se ponían a dar empujones gritando histéricamente.

Afortunadamente los soldados se mantenían firmes y no dejaban de disparar a los zombies que entraban lo que estaba provocando un efecto montaña… otra vez, sólo que esta vez hacía que los zombies tuvieran más dificultades para entrar, dado que además de empujarse entre ellos como los vivos del interior, se veían obstaculizados por los cadáveres de los zombies que habían entrado antes que ellos y que comenzaban a apilarse.

Sam indicó al grupo de soldados que había acabado con los zombies del interior que se ocuparan de tratar de poner un poco de orden entre la gente para que subieran las escaleras poco a poco y ordenadamente. Con suerte la presencia de los soldados calmaría un poco los ánimos aunque por desgracia no las muertes. Pudo observar varias personas que habían sido aplastadas por el gentío o que habían sido pisadas y dejabas sin vida sin miramientos. La naturaleza humana era así de cruel. Los soldados se centraron en proteger a los más ancianos, las mujeres y los niños, las personas más incapaces de protegerse.

Y cuando comenzaron a golpear a la gente más fuerte que querían pasar por encima de los demás las personas parecieron recuperar las funciones principales de sus cerebros y su comportamiento pasó a ser más tranquilo y civilizado con lo que rápidamente la planta baja comenzó a vaciarse de gente viva.

Apenas quedaban ya personas y Sam dio la orden a los soldados de comenzar a retirarse hacia las escaleras mientras indicaba a otros soldados que colocaran explosivos en las mismas.

Los zombies habían derribado su propia muralla de muertos a base de empujar y de nuevo comenzaban a entrar en gran número.

Jornada 10. El final del principio II (XVII)


Los gritos del interior del edificio llamaron la atención de Sam.

Rápidamente cogió su arma y bajó las escaleras que comunicaban el tejado con el interior. Era un desastre. Los zombies habían entrado en el edificio y habían pillado a todos desprevenidos.

Miró alrededor mientras corría hacia las escaleras que llevaban al primer piso buscando el cómo habían invadido el interior. El edificio era uno de los talleres donde los tanques eran reparados y consistía básicamente en una zona inferior casi vacía en esos momentos, con un primer piso que ocupaba únicamente una pequeña parte del mismo dedicado a oficinas y zona de descanso y diversas pasarelas y vigas que recorrían el interior desde cierta altura que eran usadas levantar y para transportar maquinaria pesada de los tanques de un lado a otro del edificio.

La mayoría de la gente se encontraba ahora corriendo de un lado para otro en la planta baja. Histérica. Sin saber qué hacer. Los pocos soldados que había en el interior hacían lo que podían para mantener a raya a los zombies pero la gente corriendo de un lado para otro no ayudaba precisamente.

Sam indicó a varios soldados que estaban disparando desde el primer piso que le acompañaran mientras trataba de gritar las órdenes. Comenzó a bajar rápidamente las escaleras que comunicaban con la planta baja y vio el sitio por el que estaban entrando los zombies.

La explosión de los jeeps había debilitado las paredes del edificio y varios zombies habían entrado por un agujero que se había formado.

Además, por lo que podía ver la misma explosión había disparado zombies a través de los enormes ventanales del edificio permitiéndoles la entrada y rodeando de alguna manera a la gente que creía estar a salvo en el interior.

Nada más llegar a la planta baja ordenó a los soldados que comenzaran a evacuar a los civiles hacia la primera planta y el tejado. Debían abandonar enseguida esa zona que seguramente se llenaría de zombies en poco tiempo.

Sam trataba de hacerse escuchar gritando pero entre los disparos y el griterío de la masa era casi imposible. Afortunadamente los soldados comenzaron a captar la idea y señalaron hacia las escaleras mientras vigilaban que ningún zombie se acercara a las mismas y subiera al primer piso. Fue entonces cuando surgió un nuevo problema: la gente comenzó a agolparse en las escaleras tratando de ponerse a salvo sin tener en cuenta a los demás.

Era el sálvese quien pueda. Y los soldados se veían desbordados por la marea humana que quería ponerse a salvo tratando de subir por unas escaleras que no estaban diseñadas para que subieran más de dos personas a la vez.

Y mientras tanto los zombies comenzaban a asomarse por el agujero de la pared atraídos por los gritos de la gente y por los disparos de los soldados.

Jornada 10. El final del principio II (XVI)


Sam, la que había sido una de las encargadas de seguridad de la factoría de Henry, observaba impotente la invasión zombie desde el tejado de uno de los edificios militares. No podía hacer apenas nada, salvo esperar. Su misión era proteger al grupo de civiles que estaban bajo su cargo en el edificio. Le debía la vida al ingeniero y ahora tenía que observar casi en primera fila el final seguro de su jefe.

Los zombies habían ido haciéndose poco a poco con el patio de la base y sin querer habían rodeado los jeeps que habían estado tratando de ralentizar el avance de los no-muertos sin aparente éxito.

Ahora los soldados que estaban en los jeeps habían ido desapareciendo agarrados por los zombies. Con lágrimas en los ojos vio cómo, finalmente, Henry era arrastrado hacía la marea de no-muertos y unos segundos después en el sitio por el que había desaparecido ocurría una explosión en la que varios zombies eran desmembrados y destrozados, asegurándose así Henry de no acabar resucitando.

Sam miró a uno de los soldados que había en el tejado que estaba esperando sus órdenes. Al lado tenía varias cajas conmutadoras. Con resignación asintió con la cabeza.

El soldado activó su walkie.

-Fuego en el agujero –gritó para pocos segundos después activar las cargas que había al lado de los depósitos de gasolina de los jeeps haciéndolos explotar.

La onda explosiva recorrió todo el patio tirando al suelo a casi todos los zombies mientras la fuerza de la explosión exterminaba un gran grupo de zombies y las llamas consumían a otra gran cantidad de éstos que trataban de ponerse en pie sin darle importancia a las llamas que consumían su cuerpo y haciendo que éstas se expandieran entre los demás zombies.

En unos minutos el número de zombies que había en el patio había descendido en una gran cantidad pero… cuando las llamas se habían consumido y el humo de la explosión se había disipado todavía quedaban suficientes para arrasar la base sin problemas. Y por si fuera poco, el olor a carne humana quemada inundó el lugar convirtiendo el simple hecho de respirar en algo nauseabundo.

Poco a poco los zombies volvieron a extenderse por los patios camino de los edificios más cercanos que guardaban su preciada presa. Seres humanos vivos.

Jornada 10. El final del principio II (XV)


Un movimiento de tenaza. Simple pero mortal. Los zombies avanzaban por todas partes. Y los de los laterales amenazaban con rodearles y atacarles por detrás. Ahora que prestaba atención a su alrededor se daba cuenta de que los soldados de los tejados habían tratado de avisarle pero con el ruido que había y lo concentrado que estaba le había sido imposible darse cuenta.

Una vez más dio la orden.

-Todos los que no estén encima de un jeep que abandonen su puesto. Les cubriremos desde los jeeps.

Ningún soldado dejó de disparar y al general le inundó una sensación agridulce viendo la lealtad de sus soldados y su profesionalidad.

-No deben seguir aquí –insistió-. ¡Es una orden! Deben proteger a los civiles.

Esta vez los soldados se miraron unos a otros y comenzaron a abandonar su posición mientras los zombies comenzaban a cerrar su tenaza acercándose por detrás a los jeeps. Algunas de las ametralladoras de los jeeps comenzaron a disparar para cubrir a sus compañeros que también se encontraban disparando mientras corrían para impedir que los zombies les cortaran la retirada.

Los zombies casi estaban ya a la altura de los jeeps cuando el último de los soldados alcanzó uno de los almacenes y la puerta se cerró detrás de él. Los jeeps estaban rodeados pero a pesar de eso seguían disparando, tratando de reducir el número de atacantes e intentando ganar tiempo hasta que los tanques o la ayuda de otro sitio llegara.

Ésa era la única esperanza real. Que llegara ayuda desde el exterior.

El general miró a su alrededor. Parecía que los zombies habían dejado de caer por la verja exterior. O simplemente es que no cabían más. No era fácil saberlo. Fue entonces cuando notó una mano agarrándole el tobillo. Movió la pierna. Giró la ametralladora y disparó a ras de su jeep acabando con varios zombies.

Pero un par de manos más agarraron su tobillo otra vez. Esta vez con más fuerza. Cuando el general se giró para disparar su arma notó que otras manos le agarraban del otro tobillo haciendo que perdiera el equilibrio.

Notó cómo era arrastrado fuera del jeep y era rodeado por un grupo de zombies cuyos brazos se alargaban para cogerle.

Henry escuchó una explosión cercana. Se giró para ver un humo negro ascendiendo de un pequeño círculo, prueba de una pequeña explosión. El general Smith no estaba encima de su jeep, y el ingeniero se imaginó lo que había ocurrido mientras miraba la granada sin seguro que tenía en su mano. El general había perdido la vida llevándose con él a todos los enemigos que había podido.

Los zombies comenzaban a empujar los jeeps y los soldados iban perdiendo el equilibrio y cayendo en manos de los no-muertos. Poco a poco el ruido de las ametralladoras fue cesando. Era cuestión de tiempo que Henry también cayera en sus manos. Pero mientras tanto trataría de llevarse a tantos como pudiera.

Jornada 10. El final del principio II (XIV)


Algunos zombies que caían al otro lado de la verja no tenían tiempo de levantarse, bien fuera por los disparos de los soldados, bien fuera porque algún otro zombie le caía encima. Y el general vio con impotencia cómo una segunda montaña de cuerpos se iba formando al otro lado de la verja. Cualquiera que estuviera observando desde fuera el ataque no pensaría que los atacantes eran criaturas sin mente ni inteligencia que sólo actuaban por instinto, por la manera en la que iban acumulando a sus caídos para poder pasar al otro lado de la verja primero y luego poder bajar por la misma.

Decenas de zombies ya se acercaban a la línea que habían formado los jeeps y tras la cual los soldados seguían disparando. El general Smith ordenó que las ametralladoras de los vehículos comenzaran a disparar y los soldados no se lo pensaron un segundo apretando el gatillo y tratando de destruir la cabeza de los atacantes o simplemente destrozarlos con las balas.

Los zombies seguían cayendo al otro lado de la verja por la acción de los proyectiles de los morteros, pero eso no impedía que docenas de ellos subieran por la improvisada rampa y bajaran por segundo montón de cadáveres.

En unos minutos eran cientos de zombies los que atravesaban las verjas y los soldados comenzaban a quedarse sin munición, mientras que las ametralladoras comenzaban a calentarse en exceso, lo que podía provocar que en vez de disparar la bala la hicieran explotar en el interior del arma.

El general no tuvo más remedio que ordenar la retirada a los soldados de a pie mientras Henry ordenaba a un par de soldados que fueran a buscar extintores para tratar de usarlos como refrigerante para las ametralladoras, que continuaban disparando sin parar contra lo que ya se convertía en una mancha de zombies que se iba extendiendo por el patio de la base mientras el suelo del mismo se iba llenando de trozos de cuerpos de zombies sin que a éstos les pareciera importar lo más mínimo.

Los soldados llegaron con los extintores y comenzaron a usarlos en las ametralladoras que parecían haber ido cogiendo un ligero color rojizo, aunque seguramente era la imaginación de los soldados o las salpicaduras de los zombies.

El patio estaba perdido. El general lo sabía pero no podía dejar su posición. Tenía que seguir disparando hasta el último momento, tratando de matar al mayor número posible de zombies.

-Los que quieran retirarse que lo hagan ahora que pueden –dijo el general gritando tratando de hacerse entender por encima del ruido de las explosiones y de las ametralladoras-. No creo que tengan otra oportunidad. En breve tendremos a los zombies encima.

Fue entonces cuando se dio cuenta de algo que hasta entonces había pasado desapercibido para él debido a lo centrado que estaba mirando al frente. Los zombies habían ido expandiéndose por los laterales sin problemas y amenazaban ahora con rodearles y dejarles sin escapatoria.

Jornada 10. El final del principio II (XIII)


El general se maldijo por haber cometido otra vez el mismo error. Su pensamiento militar le había traicionado. Estaba acostumbrado a combatir contra seres humanos, y por lo tanto no había previsto que volviera a pasar lo mismo que la primera vez que se enfrentó contra esas malditas criaturas. Sus cadáveres apilándose delante de la verja hasta formar una rampa por la que los demás podían pasar había vuelto a permitir que los soldados y el resto de refugiados estuvieran al alcance de los no-muertos.

Los primeros zombies habían comenzado a caer desde lo alto del cúmulo de no-muertos como si fueran lemmings. De una forma casi cómica continuaban avanzando a pesar de tener sólo aire sosteniéndoles, cayendo por efecto de la gravedad al suelo y luego tratando de levantarse. Pero no había nada gracioso o divertido en aquella situación.

-Retirada –ordenó el general viendo que no tenía sentido estar plantados ahí disparando ahora que los zombies habían traspasado la verja y los podían superar en cualquier momento-. Quiero que los jeeps formen una línea de defensa a 100 metros de la verja. Los usaremos para cubrirnos y seguir disparando.

Mientras los primeros zombies caían ante los disparos de las escopetas de los soldados que cubrían la retirada de sus compañeros, los jeeps que hasta ese momento habían estado aparcados al otro lado de la base se fueron acercando rápidamente hasta formar una barrera.

Los soldados a medida que llegaban a la altura de los jeeps se situaban detrás de los mismos. Mientras, el general se subía a uno de los jeeps y empuñaba una de las ametralladoras de gran calibre que tenían montadas.

Los zombies que iban saltando la valla fueron en aumento y los soldados con las escopetas fueron retrocediendo paso a paso mientras descargaban sus mortales perdigones en el torso y la cabeza de los invasores. Pero llegó un momento en el que por cada zombie que caía cinco le reemplazaban. El camino hasta los jeeps estaba sembrados de los cartuchos de las escopetas que se habían unido a los casquillos de los proyectiles disparados antes por los otros soldados.

Las ametralladoras de los tejados cercanos comenzaron a disparar sobre los zombies con menos acierto que el resto de armas. La distancia era mayor y las ametralladoras no eran precisamente armas de precisión, más bien de destrucción, algo que contra cualquier enemigo vivo serviría pero que los zombies apenas notaban salvo que las balas les destrozaran las piernas o la cabeza.

El general ordenó a los soldados con los morteros seguir disparando.

La idea era tratar de conseguir que los menos zombies posibles llegaran a la pila de cadáveres que les permitiría entrar en la base. Pero todo parecía inútil. Los zombies parecían querer quedarse en la base militar.

Jornada 10. El final del principio II (XII)


Pero en un par de minutos los primeros zombies que habían recibido las descargas se cayeron al suelo como si hubieran sido fulminados.

-Parece que funciona –dijo el general con un ápice de esperanza en su voz.

-La electricidad debe de estar cortocircuitando sus cerebros –dijo Henry-, pero no creo que podamos mantener mucho tiempo ese voltaje. Más temprano que tarde el generador se quemará y dejará de funcionar.

-Pues tendremos que ayudarle. ¡Fuego a discreción!
Los soldados comenzaron a disparar sobre los zombies.

Las cabezas de los zombies comenzaron a explotar y los cuerpos comenzaron a acumularse al pié de la verja principal. La mayoría de disparos iban dando en su blanco y los soldados no dejaban de disparar, cada uno a su ritmo, pero sin descanso. Los soldados cambiaban los cargadores mientras sus compañeros seguían disparando.

Los casquillos se iban acumulando a sus píes en una cantidad que Henry nunca había visto. Y seguramente tampoco el general. Pero por más zombies que dejaran sin cabeza éstos no parecían cejar en su empeño y otro problema se estaba comenzando a formar. Los zombies continuaban avanzando pisando a los caídos, haciendo más difícil que los defensores pudieran disparar a gusto, cada vez que aparecía un zombie le disparaban, pero cada vez que caía un zombie otro pasaba por encima, y poco a poco se iba formando una especie de rampa a los pies de la verja hasta que el primer zombie cayó al suelo en el interior de la base.

Los zombies estaban dentro.

Jornada 10. El final del principio II (XI)


El general ordenó a un pelotón que se preparara. Los soldados se acercaron a las verjas delanteras con las armas preparadas.

-Ya sabéis lo que tenéis que hacer –dijo el general comprobando su fusil de asalto-. Disparos certeros a la cabeza hasta que se acaben las balas.

Luego activó el walkie.

-Ametralladoras preparadas para cubrir nuestro repliegue de ser necesario.

Desde los tejados cercanos varios soldados dieron el ok levantando el pulgar hacia arriba.

Detrás de los soldados con los fusiles de asalto había otros armados con escopetas listos para usarlas si los zombies pasaban las verjas.

Henry era uno de los que llevaban escopetas. Nunca se había caracterizado precisamente por ser un buen tirador, y ahora veía de cerca a esas malditas criaturas que no dejaban de avanzar a pesar de las bajas que estaban sufriendo a manos de los morteros que no paraban de disparar.

Los primeros zombies llegaron a la altura de las verjas y el general miró al ingeniero y asintió. Éste activó su walkie.

-Activad el generador.

Los zombies comenzaron a agarrar la verja tratando de pasar por ella sin éxito. Unos segundos después comenzaban a moverse como si tuvieran un ataque de epilepsia. Las manos comenzaban a humear, pero los zombies seguían agarrándose a las verjas como si la electricidad que estaba quemando su piel y pasaba a través de su cuerpo no estuviera ahí.