Jornada 10. El final del principio II (XXIX)


El padre Xavier ayudó a Mara a ponerse en pie.

-Creo que es un buen momento para ir a la base –dijo Mara mientras se incorporaba-. Parece que el peligro ha pasado.

-¿Estás segura? –pregunto dubitativo el padre Xavier-. Puede que todavía estén nerviosos por el enfrentamiento.

-Supongo que si nos ponemos a gritar y dar voces no nos tomarán por muertos vivientes –dijo Mara-. Nunca he visto un zombie hablar.

-¿Seguro que te encuentras bien? –preguntó preocupado el sacerdote.

-Lo recuerdo todo –dijo Mara-. Parece que las horas que he pasado inconsciente me han ayudado a que mi cerebro ponga en orden mis recuerdos y les dé un sentido.

-Fascinante –dijo el acompañante que se acercó a ellos al ver que se preparaban para marcharse-. Supongo que todo lo ocurrido hoy, en combinación con las heridas y los golpes emocionales, han reseteado el cerebro y te han permitido recuperar tus recuerdos. Claro que a lo mejor no es así.

Mara se le quedó mirando un poco incómoda ante esas últimas palabras.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, que no necesariamente lo que recuerdes son tus recuerdos –respondió sonriendo-, el cerebro puede… haber fabricado recuerdos para rellenar vacíos, o para esconder los recuerdos verdaderos. Como ya he dicho el cerebro es un instrumento fascinante y misterioso, y nunca sabemos qué hace o porqué lo hace.

-Entonces, ¿estás diciendo que mis recuerdos son falsos?

-Bueno, no necesariamente –se repitió-, pero estaría bien que pudiéramos corroborarlos.

-Entonces no hay problema –respondió Mara-. Yo trabajaba en esa base, era una militar destinada a la misma.

-¿Y si no fuera así? –preguntó algo incómodo el sacerdote.

-Bueno, ¿qué es lo peor que puede pasar? –preguntó Mara en tono sarcástico- ¿Qué nos arresten, nos encierren en unas cómodas celdas y nos den tres comidas diarias mientras nos protegen de los peligros de fuera?

-O que nos obliguen a quitar el puré de zombies que ha quedado después de que los tanques hayan pasado por encima –señaló el sacerdote.

-Bueno, eso será a vosotros –dijo sonriendo Mara-, yo estoy herida, gravemente, sería cruel hacerme trabajar en mis condiciones… además de que soy una mujer.

El padre Xavier no dijo nada. Mara parecía estar de mejor humor, pero intuía que sólo era una máscara para no derrumbarse. Mientras descendían hacia la base estuvo escuchando a Mara hablar del misterioso general. Su superior, un buen hombre, casado con su trabajo y su carrera, íntegro y que siempre pensaba en el personal bajo su mando. El sacerdote trató de cambiar de tema a menudo, dado que se notaba que a Mara le dolía hablar de su superior al que había visto morir y volar en pedazos defendiendo la base en primera línea. Pero no parecía tener mucho éxito.

Finalmente llegaron a la entrada de la base mientras el padre Xavier agitaba los brazos y gritaba que estaban vivos para tratar de que no les dispararan.

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