Jornada 10. El final del principio II (XXVII)


Comenzó a avanzar pero el padre Xavier la agarró.

-¿Se puede saber qué intentas hacer? –le preguntó el sacerdote alarmado.

-Conozco a esa persona –dijo Mara señalando hacia la base militar-. Debo hablar con ella.

-Es una locura –dijo Xavier- La llanura está llena de zombies. Están por todas partes. No podrás acercarte a la base. Y si lo haces corres el peligro de que crean que eres otro zombie y te maten.

-Pero… debo hablar con ella –dijo con voz desesperada-. Puede responder a mis preguntas, ayudarme a recordar, a saber quién soy y qué me pasó.

El padre Xavier la agarró con más fuerza. Sabía que seguramente no hubiera sido rival para ella si no fuera porque estaba débil por las heridas. Sonrió amargamente pensando que a lo mejor era una señal del de ahí arriba.

-Debemos esperar –insistió el sacerdote sin hacer amago de dejarla ir-. Ahora no podemos hacer nada… salvo mirar.

Mientras tanto, su misterioso acompañante se había separado unos metros de ellos y parecía observar la escena ensimismado, como si estuviera viendo una película o un documental mientras seguía murmurando por lo bajo; acto que ponía muy nervioso al sacerdote.

Mara pareció calmarse un poco o al menos dejó de hacer fuerza, pero el sacerdote no se fiaba y no la soltaba. A lo mejor estaba esperando a que bajara la guardia para ponerse a correr valle abajo hacia una muerte segura.

-Lo siento –dijo el padre Xavier-, pero no puedo dejar que te suicides de una manera tan absurda. No tendría sentido. No, a estas alturas.

Los pies de Mara cedieron y se fue cayendo al suelo, quedándose de rodillas y mirando fijamente la batalla que a unos cientos de metros se estaba llevando a cabo.

Los siguientes minutos trascurrieron en silencio mientras asistían a la defensa del patio de la base militar y al continuo ataque de los zombies. El padre Xavier sabía que era una defensa desesperada, al menos con el número de zombies que había en el grupo de atacantes. El mismo parecía perderse en el horizonte. Eran lo más parecido a una plaga divina que había visto nunca. En realidad, nunca había visto tantos zombies juntos… y pensar que solamente eran los zombies de una ciudad… ¿qué habría en las grandes metrópolis del mundo? ¿Sería capaz el ser humano de vencer? Lo cierto es que le costaba ver los designios de Dios en todo lo que estaba pasando. ¿Sería cierto lo que se decía y estaría asistiendo al fin del mundo?

Finalmente los defensores fueron acorralados por los zombies. Ya no tenían escape alguno. De la garganta de Mara salió un grito ahogado. Y trató de ponerse en pie, pero se encontró con la oposición del sacerdote que había estado todo ese rato a su lado.

-Me temo que lo único que podemos hacer es rezar por un milagro –dijo apesadumbrado el padre Xavier mientras le cogía una mano y comenzaba a orar en silencio.

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