Jornada 10. El final del principio II (XXVI)


Mara no dijo nada cuando vio los cuerpos en su camino hacia la calle. No recordaba exactamente qué había pasado, pero si los había matado ella seguro que tenía una buena razón.

El que no hubiera zombies por las calles hizo que salir de la ciudad no fuera demasiado complicado. Sólo se paraban de vez en cuando por Mara, que no estaba ni mucho menos recuperada de sus heridas y que sólo se mantenía en pie gracias a su fuerza de voluntad.

El dolor que sentía en su cuerpo fue disminuyendo a medida que iba caminado. O más bien se iba acostumbrando al mismo. Aunque le daba rabia ser tan lenta. Necesitaba respuestas. Y creía que en esa base militar las encontraría.

El problema era que no sabía exactamente, o no lo recordaba, dónde estaba la base. Sabía que existía, que estaba a las afueras, pero… no recordaba el camino hasta la misma. Era frustrante, había avanzado un paso en recuperar su memoria, pero no parecía haber servido de nada.

Afortunadamente para todos, el buen samaritano parecía saber dónde estaba, dado que, al parecer, había estado cerca de la misma y podía guiarles hasta ésta.

Mientras caminaban hacia su objetivo comenzaron a escuchar explosiones y disparos. Mara aceleró el paso a pesar del dolor que crecía con cada paso que daba. Lo ignoró. La base parecía estar en una llanura y el grupo llegó a un montículo algo alejado de la misma. Y al ver lo que había en la base dieron gracias por ello.

La mayor parte de la llanura estaba llena de zombies que trataban de entrar en la base. Y algunos lo habían conseguido gracias a los cadáveres que se amontonaban en una de las vallas. El viento cambió de dirección y les llegó el nauseabundo olor a muerte y a carne quemada. Al parecer la cerca estaba electrificada y los cadáveres estaban siendo cocinados. Con lo que eso implicaba.

Nadie dijo nada. El espectáculo hablaba por sí mismo. En medio del patio se había montado una línea de jeeps desde la que disparaban a los zombies que entraban en la base en un número cada vez mayor.

Mara cogió unos prismáticos que llevaba en su mochila para trata de ver mejor. Las explosiones que habían escuchado parecían venir del exterior de la base, donde seguramente habían enterrado minas. Y aún ahora todavía se escuchaba alguna explosión aislada. Además desde los tejados parecían usar morteros para disparar su munición explosiva contra este extraño enemigo. Pero el número de zombies que había parecía hacer pensar que era como tratar de matar hormigas con una escopeta. Su número hacía irrisorio las bajas que se pudieran causar con cada disparo.

Centró su atención en los defensores. Y su corazón dio un vuelco al ver a uno de ellos. Le conocía. Desde el fondo de su cerebro le llegaron flashes de memorias. Conocía a una de las personas que estaba disparando desde los jeeps. Debía hablar con ella como fuera.

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