Jornada 10. El final del principio II (XXII)


El padre Xavier comenzó a andar aturdido calle abajo. No se atrevió a mirar atrás. Se sentía mal dejando a Mara sola ante el peligro. Había podido ver mientras huía, porque ésa era la realidad, que la superaban en gran número, no tenía opciones de sobrevivir.

Pero a pesar de todo rezó a Dios para que nadie muriera. Con tanta muerte alrededor, ¿por qué la humanidad seguía empecinada en matarse entre ellos? ¿Qué debía de haber hecho esa pobre criatura para que quisieran matarla con tanto afán?

Tan perdido estaba en sus pensamientos que casi pisó a un zombie que se arrastraba por la acera. Rezó por su alma y le voló la cabeza.

Debía centrarse en su tarea o al menos centrarse y no ir ensoñado mientras caminaba por esas calles tan peligrosas. Fue entonces cuando comenzó a escuchar los disparos a lo lejos. El combate había comenzado, y seguro que habría muertes.

Decidió esperar.

El ruido empeoró y pasó a escuchar explosiones. ¿Qué debía de estar pasando? Parecía una guerra. Poco a poco se dejaron de escuchar las explosiones, aunque podía ver una columna de humo al final de la calle. Y luego los disparos cesaron. Era el momento de la realidad.

¿Qué debía hacer?

Socorrer a los necesitados. Ésa era parte de fe. Y debía seguir las enseñanzas de Jesús. Comenzó a andar despacio. Inseguro. Sin saber lo que podría encontrarse. ¿Correría su vida peligro? Esperaba que no, pero… el riesgo existía.

A medida que se acercaba a la zona la visión era más espantosa. Coches ardiendo, y metal esparcido por la rotonda. Además… cadáveres. Debía de haber media docena, o tal vez más, algunos habían muerto por disparos, otros por las explosiones por lo que parecía, pero otros… claramente habían sido heridos, pero luego… les habían cortado de oreja a oreja el cuello, dejándoles ahí para que se desangraran. ¿Cómo podía una persona ser tan cruel? ¿Qué escondía aquella chica? El espectáculo que veía era terriblemente salvaje. ¿Cómo podía haberse cebado tanto en esta gente? Por mucho que la quisieran muerta.

¿Realmente sería amnésica? No había conocido a muchos amnésicos pero… ella lo parecía…

No vio el cadáver de Mara por ningún sitio. No sabía si sentirse aliviado o no. Dio la extremaunción a los muertos y luego se aseguró de que no volvieran a levantarse. Era lo más cristiano que podía hacer por ellos. Asegurarse que su alma viajara a los cielos en paz. Y ya ahí, serían otros los que juzgarían sus acciones.

Siguió el rastro de destrucción por una calle, y descubrió también un rastro de sangre. Por las pisadas que veía sobre la sangre supuso que debía de ser de Mara. La debían de haber herido. El rastro de sangre entraba en un edificio.

Respiró hondo y comenzó a subir las escaleras siguiendo el rastro de sangre de Mara.

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