Jornada 10. El final del principio II (XIX)


La planta baja se había ido vaciando de manera que ya sólo quedaban los zombies y los soldados en la misma. Los civiles, ahora a salvo, ya estaban más tranquilos y aguardaban con tensión en el primer piso a ver qué iba a ocurrir ahora esperando que los soldados les siguieran protegiendo y no salieran huyendo… como si pudieran.

Sam indicó a los soldados que se retiraran. Los primeros soldados habían llegado al primer piso y habían comenzado a disparar para cubrir a sus compañeros. Sólo había un detalle que no le había gustado a Sam. Los heridos graves… a pesar de que al final habían podido evacuarlos al primer piso, teniendo que obligar a varias personas para ello, no tenían posibilidades de sobrevivir si no los llevaban hasta el recinto médico de la base. Algo que ahora era imposible debido a los zombies que deambulaban por todo el exterior de la base. Al menos todos los heridos habían sido por otros humanos, y no presentaban heridas provocadas por zombies. Un par de voluntarios comenzaron a tratarlos con los botiquines y material médico que habían acumulado con anterioridad en el primer piso.

Algunos supervivientes y soldados habían intentado también evacuar a los muertos pero Sam se había negado categóricamente. No sólo por razones higiénicas sino también por razones de seguridad. Era como tener al enemigo en casa. Lo único que se podía hacer por ellos era asegurarse de que no volvieran a la vida como aquellos monstruos. Una tarea que seguía sin ser nada sencilla.

El último de los soldados subió por las escaleras y Sam dio la orden.

Una serie de pequeñas explosiones retumbó en el interior del edificio vacío y el sonido se expandió por el eco existente. Un tramo de las escaleras se derrumbó dejando el primer piso incomunicado y sin opción para los zombies para alcanzarles… al menos por ahora.

Sam, con la ayuda de los soldados, distribuyó a los refugiados como pudo. El espacio de la primera planta era finito e incluso le había costado que la gente cediera las zonas más cómodas a heridos y los más necesitados. Era increíble ver cómo después de todo lo que había pasado la miseria humana seguía existiendo. En más de una ocasión tuvo que amenazar con lanzar a alguna persona a los zombies si no cedía en su tozudería. Al menos algunos estaban de acuerdo con quedarse en el tejado y trataban de causar los menores problemas posibles siendo conscientes de lo que estaba pasando… a pesar de estar en primera línea de lo que era el recuerdo de la batalla que se había llevado en el patio de la base poco tiempo antes y que tan desagradable olor había dejado en el aire. Al menos tendrían suministros para resistir pero ¿Por cuánto tiempo? Era cierto que el edificio tenía un pequeño baño con ducha, pero el número de personas era grande y las reservas de agua eran pequeñas.

Sólo se podía esperar a que de alguna manera hubiera un milagro.

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