Jornada 10. El final del principio II (XVI)


Sam, la que había sido una de las encargadas de seguridad de la factoría de Henry, observaba impotente la invasión zombie desde el tejado de uno de los edificios militares. No podía hacer apenas nada, salvo esperar. Su misión era proteger al grupo de civiles que estaban bajo su cargo en el edificio. Le debía la vida al ingeniero y ahora tenía que observar casi en primera fila el final seguro de su jefe.

Los zombies habían ido haciéndose poco a poco con el patio de la base y sin querer habían rodeado los jeeps que habían estado tratando de ralentizar el avance de los no-muertos sin aparente éxito.

Ahora los soldados que estaban en los jeeps habían ido desapareciendo agarrados por los zombies. Con lágrimas en los ojos vio cómo, finalmente, Henry era arrastrado hacía la marea de no-muertos y unos segundos después en el sitio por el que había desaparecido ocurría una explosión en la que varios zombies eran desmembrados y destrozados, asegurándose así Henry de no acabar resucitando.

Sam miró a uno de los soldados que había en el tejado que estaba esperando sus órdenes. Al lado tenía varias cajas conmutadoras. Con resignación asintió con la cabeza.

El soldado activó su walkie.

-Fuego en el agujero –gritó para pocos segundos después activar las cargas que había al lado de los depósitos de gasolina de los jeeps haciéndolos explotar.

La onda explosiva recorrió todo el patio tirando al suelo a casi todos los zombies mientras la fuerza de la explosión exterminaba un gran grupo de zombies y las llamas consumían a otra gran cantidad de éstos que trataban de ponerse en pie sin darle importancia a las llamas que consumían su cuerpo y haciendo que éstas se expandieran entre los demás zombies.

En unos minutos el número de zombies que había en el patio había descendido en una gran cantidad pero… cuando las llamas se habían consumido y el humo de la explosión se había disipado todavía quedaban suficientes para arrasar la base sin problemas. Y por si fuera poco, el olor a carne humana quemada inundó el lugar convirtiendo el simple hecho de respirar en algo nauseabundo.

Poco a poco los zombies volvieron a extenderse por los patios camino de los edificios más cercanos que guardaban su preciada presa. Seres humanos vivos.

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