Jornada 10. El final del principio II (XIV)


Algunos zombies que caían al otro lado de la verja no tenían tiempo de levantarse, bien fuera por los disparos de los soldados, bien fuera porque algún otro zombie le caía encima. Y el general vio con impotencia cómo una segunda montaña de cuerpos se iba formando al otro lado de la verja. Cualquiera que estuviera observando desde fuera el ataque no pensaría que los atacantes eran criaturas sin mente ni inteligencia que sólo actuaban por instinto, por la manera en la que iban acumulando a sus caídos para poder pasar al otro lado de la verja primero y luego poder bajar por la misma.

Decenas de zombies ya se acercaban a la línea que habían formado los jeeps y tras la cual los soldados seguían disparando. El general Smith ordenó que las ametralladoras de los vehículos comenzaran a disparar y los soldados no se lo pensaron un segundo apretando el gatillo y tratando de destruir la cabeza de los atacantes o simplemente destrozarlos con las balas.

Los zombies seguían cayendo al otro lado de la verja por la acción de los proyectiles de los morteros, pero eso no impedía que docenas de ellos subieran por la improvisada rampa y bajaran por segundo montón de cadáveres.

En unos minutos eran cientos de zombies los que atravesaban las verjas y los soldados comenzaban a quedarse sin munición, mientras que las ametralladoras comenzaban a calentarse en exceso, lo que podía provocar que en vez de disparar la bala la hicieran explotar en el interior del arma.

El general no tuvo más remedio que ordenar la retirada a los soldados de a pie mientras Henry ordenaba a un par de soldados que fueran a buscar extintores para tratar de usarlos como refrigerante para las ametralladoras, que continuaban disparando sin parar contra lo que ya se convertía en una mancha de zombies que se iba extendiendo por el patio de la base mientras el suelo del mismo se iba llenando de trozos de cuerpos de zombies sin que a éstos les pareciera importar lo más mínimo.

Los soldados llegaron con los extintores y comenzaron a usarlos en las ametralladoras que parecían haber ido cogiendo un ligero color rojizo, aunque seguramente era la imaginación de los soldados o las salpicaduras de los zombies.

El patio estaba perdido. El general lo sabía pero no podía dejar su posición. Tenía que seguir disparando hasta el último momento, tratando de matar al mayor número posible de zombies.

-Los que quieran retirarse que lo hagan ahora que pueden –dijo el general gritando tratando de hacerse entender por encima del ruido de las explosiones y de las ametralladoras-. No creo que tengan otra oportunidad. En breve tendremos a los zombies encima.

Fue entonces cuando se dio cuenta de algo que hasta entonces había pasado desapercibido para él debido a lo centrado que estaba mirando al frente. Los zombies habían ido expandiéndose por los laterales sin problemas y amenazaban ahora con rodearles y dejarles sin escapatoria.

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