Jornada 10. El final del principio II (X)


Todos permanecieron en silencio viendo aproximarse a la masa de no-muertos que no parecía tener fin. El general activó su walkie.

-Disparad los morteros.

Unos segundos después el grupo se había alejado de la puerta y los morteros habían comenzado a disparar. Los soldados en lo alto de los tejados iban dejando caer los proyectiles en los largos tubos que los escupían a continuación para que formaran una parábola que acababa en medio de la maraña de atacantes que cada vez estaban más cerca de las verjas de la base.

Al igual que con las minas los proyectiles de los morteros causaron estragos entre las filas de zombies que veían volar no-muertos a su alrededor. La masacre era tremenda, y los proyectiles provocaban que los trozos de muertos vivientes volaran por todas partes. Pero a pesar de todo nada parecía detenerles. Por cada monstruo que los proyectiles destrozaban otro cubría su hueco. Parecían imparables.

Henry se preguntaba cuántos cuerpos habrían destrozado o inutilizado.

¿Cientos? ¿Miles? Y a pesar de todo no parecían acabarse nunca. Y, como el general había dicho, no parecían cansarse, ni ser conscientes de sus pérdidas. Continuaban avanzando a pesar de las explosiones, a pesar de los cuerpos destrozados. Les daba igual. No parecía que nada pudiera pararles.

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