Jornada 10. El final del principio II (VI)


Según los últimos informes la lluvia les había dado un respiro y tiempo para preparar las defensas. Si la cifra de zombies era cierta debían prepararse para un largo asedio y rezar para que las vallas metálicas resistieran el envite. Pero si éstas caían…

Henry se había pasado toda la noche estudiando el mecanismo que electrificaba las vallas. Era bastante sencillo, y eso hacía que apenas manejara electricidad. Había estado probando distintas posibilidades, pero ninguna parecía ser la solución idónea para su situación. Podía aumentar el voltaje en una parte determinada de la valla principal, pero con el tiempo el generador se quemaría ya que no estaba diseñado para eso.

El general se encontraba en la entrada principal viendo cómo amanecía cuando Henry se le acercó para informarle de su estudio. El militar notaba las dudas del ingeniero pero sabía que tampoco tenían el lujo de dejar de lado cualquier defensa posible.

-Los tanques no llegarán a tiempo –dijo el general estudiando el horizonte-, la lluvia de ayer hizo que tuvieran que detenerse. Y el barro hará que no puedan ir a su máxima velocidad.

Henry suspiró. Tener los tanques hubiera sido una ventaja muy importante. Sin ellos sería necesario arriesgar más y confiar en que la gente no sintiera el pánico al ver a los zombies tan cerca.

Varios jeeps fueron llegando y colocándose a varias decenas de metros de la entrada. Todos con ametralladoras de gran calibre y varias cajas de munición. Si los zombies pasaban las vallas se las verían con una barrera de balas. Que con suerte los diezmarían. Aunque seguramente no les pararía.

Pero necesitaban algo más. Henry recordó en ese momento el laboratorio donde Gerald le había explicado que habían estado estudiando un zombie sin demasiado éxito. Buscó con la mirada al general que estaba dando órdenes a los soldados en los jeeps.

-General, creo que tengo otro sistema más para ralentizar a los zombies.

El militar le miró con atención y esperó que el ingeniero se explicara.

-En los laboratorios que hay en la base dispone de diversos tanques de hidrógeno líquido, creo que podríamos utilizarlos para ralentizar a los zombies. Si vienen como pienso en grupo serían bastante efectivos.

-¿Y dónde propones colocarlos? –preguntó el militar.

-Fuera de la valle, con cargas explosivas para hacerlos detonar a distancia. Y si tiene minas… le recomiendo colocarlas también. No creo que se acerque por la base nada que esté vivo así que será difícil volar nada vivo accidentalmente.

-De acuerdo, creo que también tenemos otros tanques de material corrosivo que podrían servir –dijo el militar indicando a un par de soldados que se acercaran-, aunque de todas formas sigo sin creer que podamos salir vivos de ésta.

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