Jornada 10. El final del principio II (III)


Nada más salir del edificio principal Henry vio cómo las primeras gotas comenzaban a caer sobre el suelo. Eso haría más fácil reunir a la gente que estuviera fuera de la base dado que con la lluvia serían más reacios a seguir a la intemperie.

El problema sería la gente que a pesar del agua quisieran seguir fuera… había gente para todos los gustos. Encontró a Sam, una de las personas que había llegado originalmente a la base con él y le dio las malas noticias.

-El general situará a sus hombres –le informó-, debemos reunir a los grupos y familias y ponerlas a salvo en alguno de los almacenes.
>>Preferiblemente en un primer piso o en el tejado… cuando deje de llover. Y hay que recoger víveres también…

Henry vio cómo el general salía del edificio principal acompañado de varios militares y comenzaba a señalar varios edificios.

-Quiero ametralladoras preparadas en esas azoteas y soldados en las ventanas de los primeros pisos –ordenaba mientras señalaba los edificios más cercanos a la entrada principal-. Montad los morteros en esos edificios más lejanos. Y que alguien compruebe si la verja sigue pudiéndose electrificar.

Al mencionar lo de la verja Henry recordó algo y se acercó al general mientras indicaba a Sam que fuera haciendo.

-Señor, me temo que tendrá que olvidar lo de la verja –dijo al estar a la altura del general.

Éste le miró preguntando con la mirada.

-La electricidad está regulada para dar sustos, no para matar. Si alguien se apoya en la verja sufrirá un calambrazo molesto. Y me temo que eso no servirá para nada contra los zombies.

-Maldita sea. Contaba con que eso… se deshiciera de unos cuantos –dijo fastidiado el general-. Tú eres ingeniero, ¿no puedes arreglarlo?

-¿Lloviendo? Ni en broma. La electricidad no es algo con lo que se pueda jugar general. Estudiaré el mecanismo y haré cálculos pero… si no deja de llover…

-Voy a tener que ordenar que si no hay buenas noticias nadie hable conmigo –dijo molesto el general, luego se giró hacia uno de los soldados que le acompañaba-. Comprueben que la puerta principal está preparada para ser cerrada cuando avistemos al enemigo. Al menos esta vez sabemos contra qué nos enfrentamos y tenemos munición de sobra.

Un soldado salió corriendo del edificio en dirección al grupo que estaba reunido.

-Señor, los últimos informes sitúan la cifra de zombies en… decenas de miles. Parece que todos los zombies de la ciudad cercana vienen hacia aquí.

Cuando acabó la frase un trueno sonó en la distancia como premonición de lo que podría pasar.

-A ver si los rayos caen sobre esa masa y los quema a todos –dijo el general estudiando el cielo completamente tapado.

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