Jornada 9. El final del principio (XXIV)


Al principio fue como un pinchazo. Una aguja clavada en el brazo. Pero luego ese pinchazo comenzó a quemar y por el agujero formado empezó a brotar sangre.

Un segundo pinchazo. Un segundo impacto. En el muslo. Eso hizo que la carrera de Mara se parara en seco y cayera al suelo. Durante unos segundos se quedó ahí quieta, como si estuviera en shock, pero enseguida recuperó la compostura y buscó refugio en el quicio de un portal. Justo a tiempo dado que un par de balas alcanzaron el lugar donde había estado unos segundos antes. Ahora manchado de sangre.

Lo primero era lo primero. Se tragó el dolor en el brazo y buscó con la mirada y su fusil al tirador o tiradores. En una azotea cercana vio a alguien disparándole a ella directamente. Apuntó con su fusil y disparó un par de veces. No consiguió darle. Pero sí que se agachara y le permitiera buscar refugio.

Tuvo unos segundos. Sacó rápidamente el botiquín de su mochila mientras se escondía dentro del portal. Tener un brazo herido no ayudaba precisamente. Y el dolor de las heridas tampoco. Sacó una jeringuilla y se la inyectó, el dolor fue cesando poco a poco. Gracias a Dios por las drogas, pensó sonriendo y recordando al padre Xavier.
Luego sacó unas cuantas gasas para tratar de parar las hemorragias que tenía.

Miró rápidamente para comprobar que el tirador seguía escondido.

Apuntó con su rifle y esperó unos segundos. Al verle aparecer disparó de nuevo y acabó con él. Un problema menos. Pero quedaban sus compañeros que seguramente estarían ahora planeando cómo cogerla.

Utilizó ese tiempo para coger el frasco de alcohol que llevaba en el botiquín y comenzó a rociar el líquido por sus heridas. El dolor, a pesar de las drogas, era intensísimo. Escocía de una manera increíble.

Pero al menos consiguió que las heridas estuvieran limpias antes de aplicarles directamente las gasas y sujetarlas con esparadrapo. No tenía tiempo para preocuparse por la bala que se le había quedado en el muslo. La del brazo había entrado y salido, pero la otra… a saber dónde estaría. Y eso la hacía peligrosa.

Miró al interior del edificio en el que se había refugiado. ¿Habría zombies? Si tenía que fiarse de la palabra de sus cazadores, ya habían limpiado la zona, ¿pero se referirían sólo a las calles o también a los edificios? Claramente tenían gente en las azoteas pero… tampoco es que le quedaran muchas opciones. Miró de nuevo a la calle. El humo formado por el coche empezaba a desaparecer y podía ver movimiento en las calles. Pero nada claro a lo que poder disparar.

Seguramente sabían dónde estaba. Y no podía salir corriendo por la herida de la pierna, cuanto menos la usara mejor. No le quedaba más remedio. Debía hacerse fuerte en ese edificio. Y tratar de sobrevivir.

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