Jornada 9. El final del principio (XXI)


El padre Xavier se volvió a agachar al lado de Mara que no podía ocultar su sorpresa.

-Vaya, esto sí que es una sorpresa –dijo el sacerdote dirigiéndose a su temporal compañera de viaje- ¿Qué has hecho tú para que se tomen tantas molestias en buscarte? ¿A quién has molestado tanto?

-Digamos que… –Mara hizo una pausa-. En realidad es sólo una sospecha, resulta que hace un tiempo el grupo con el que iba descubrió que un recién llegado era un espía, no lo matamos, pero murió a manos de un zombie cuando trataba de escapar, desde entonces he estado rehaciendo nuestros pasos y tratando de descubrir de dónde había salido el espía… y supongo que su grupo ha creído que lo había matado yo… aunque no sé cómo lo ha descubierto, dado que quemamos el cuerpo… o cómo sabían que yo estaría en esta zona…

-Matar a su compañero podría ser una buena causa –respondió el sacerdote pensativo-, aunque no lo tengo del todo claro. ¿Tomarse tantas molestias para vengar a un compañero caído?

-Yo tampoco me lo explico –dijo Mara confusa-. Nadie sabía lo que había pasado salvo los de mi grupo… y si ellos lo saben… eso implicaría que había otro espía en mi grupo. Pero… ¿se ha fijado que no había ningún zombie en esta zona? La han limpiado para emboscarme y no tener que preocuparse de ellos. Todo esto es muy extraño. ¿Cómo podían saberlo?

Entonces miró de forma sospechosa al padre Xavier.

-Entiendo tus sospechas –respondió el sacerdote-, pero te doy mi palabra, si sirve de algo, de que no tengo nada que ver con esto.

Mara observó al sacerdote durante unos segundos. Lo cierto es que le había salvado la vida el día anterior… y podría haberla matado durante la noche, por lo que todo ese despliegue no tenía sentido.

-¿Podrían haberte colocado un localizador? –preguntó el padre Xavier.

-¿Un localizador? –preguntó Mara sin saber de qué estaba hablando el sacerdote.

-Sí, ya sabes, un aparato para poder seguir tus movimientos a distancia –respondió Xavier.

-¿Y qué forma tiene? –Siguió preguntando Mara.

-Puede tener muchas formas –dijo el padre Xavier-. Un botón, una cajetilla de cigarrillos… no sé…

-¿Un teléfono por satélite? –Preguntó Mara tentativamente.

-Creo que esos cacharros tienen un localizador por defecto –respondió el sacerdote.

-Recogí el teléfono por satélite que tenía el espía, pero no funcionaba, requería un código que no sabíamos.

-Pues me parece que ha sido eso lo que les ha guiado hasta ti –señaló el sacerdote-. ¿Qué harás ahora?

-Convencerles para que le dejen marchar vivo y a partir de ahí improvisaré sobre la marcha –respondió sonriendo Mara.

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