Jornada 9. El final del principio (XX)


El padre Xavier miró con cara apenada a Mara que se encontraba a su lado cobijada detrás de un coche abandonado.

-Lo siento. Creo que me buscan a mí –dijo finalmente a modo de disculpa.

-¿Quién quiere matarle? –preguntó algo sorprendida-. Si es un simple sacerdote, ¿verdad?

-Digamos que la Santa Sede, mis jefes, y yo no nos despedimos amigablemente –respondió el sacerdote- Y creo que decidieron que era demasiado peligroso como para dejarme suelto. Creo que tengo información que les resultaría molesta si se hiciera pública.

-Vaya con la Iglesia –dijo Mara- desde luego que parece un grupo peligroso. ¿Seguro que usted forma parte de ese grupo?

-No todo el mundo es así –respondió el sacerdote a modo de disculpa-. Además, te recuerdo, que al final somos simples hombres, con nuestras carencias y defectos.

-Supongo que tendremos que luchar –señaló Mara mientras comprobaba sus armas. Y miraba por encima de su hombro hacia la fuente de la voz. Al principio no les vio pero a través del retrovisor del coche; moviendo el cristal un poco pudo ver a tres hombres en mitad de la calle que parecían estar esperando. Todos iban pertrechados con chalecos anti-balas, armas pesadas y parecían ser profesionales por cómo se comportaban.

Se preguntaba si habría alguno más en alguna azotea. Al mirar no había observado a nadie, pero tampoco les había visto a ellos antes de que aparecieran. Lo que más le molestaba era no saber cómo había sabido que aquello era una trampa. ¿Un sexto sentido? No era la primera vez que había tenido la sensación de que algo iba mal, pero ¿de dónde salía? Nadie le había sabido responder. Y según Doc era simple suerte y que su cerebro trabajaba más rápido que su cuerpo.

Centró de nuevo su atención en el sacerdote que no había mirado sus armas, ni las había comprobado.

-Debería prepararse Xavier, esa gente parecen profesionales y saben lo que se hacen.

-No, te equivocas –le corrigió el sacerdote-. No pienso dejar que se derrame sangre. Me entregaré. No vamos a luchar.

Mara no salía de su asombro tras escuchar aquellas palabras.

-¿Cómo que se entregará? Seguramente le matarán. –señaló Mara irritada.

-No quiero tener las manos manchadas de sangre –respondió mientras se preparaba para ponerse en píe- Y si es lo que Dios quiere, así sea. No tengo miedo a morir.

-Pero si le he acompañado toda la mañana mientras le volaba las cabezas a los no-muertos –señaló Mara a modo de protesta.

-No es lo mismo. Esas cosas ya están muertas. No puedo quitarle la vida a otro ser humano… vivo.

Dicho eso el padre Xavier se puso en píe con las manos en alto.

-Voy a entregarme, sólo les pido que dejen marchar a mi compañera, no tiene nada que ver con esto.

-¿Quién demonios es usted? –preguntó el que parecía ser el jefe desde lo lejos.

-Soy el padre Xavier –respondió el sacerdote algo confuso-, creo que me buscan a mí.

-No diga tonterías padre, no tenemos negocios con la Iglesia –respondió la voz-. Queremos a su compañera de viaje, y sin más retrasos.

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1 comentario

  1. “no diga tonterías padre” jajajaajaja


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