Jornada 9. El final del principio (XIX)


Mara estaba sorprendida por las explicaciones del sacerdote. Le parecía increíble lo que le había contado. Sabía que existía gente avariciosa y cruel, a lo largo de los meses lo había visto, dispuesta a hacer lo que fuera por sobrevivir a costa de los demás. Gente egoísta. Pero esa gente, que se suponía dedicada a sus feligreses, ¿cómo podía ser capaz? Habían hecho un juramento.

Después del descanso continuaron la limpieza de la ciudad. Mientras caminaban de un lado para otro, siguiendo un patrón de búsqueda básico (por calles) llegaron a una rotonda de tres carriles que estaba invadida por coches accidentados tanto en los carriles como en la parte central de la misma.

Mara y el sacerdote caminaron hasta el centro de la rotonda mirando dentro de los coches rotos y destrozados que la asolaban. Pero no había ningún zombie. De pronto un escalofrío recogió la espalda de Mara que se detuvo en seco.

Indicó al sacerdote que se quedara donde estaba.

-¿Qué sucede? ¿Un zombie? –preguntó algo extrañado el padre Xavier ante el comportamiento de su acompañante.

Mara negó con la cabeza. No sabía qué era exactamente. Miro a su alrededor buscando el motivo para su ¿presentimiento? Algo había captado su cerebro que ella no sabía interpretar.

El padre Xavier también miró a su alrededor con curiosidad. Buscando qué era lo que llamaba la atención de Mara, pero no vio nada en las calles adyacentes. Volvió a mirar a Mara esperando encontrar una respuesta.

-Hay algo extraño… -dijo Mara casi en voz baja-, no sé qué es exactamente. Pero hay algo que falla aquí.

Guardó silencio mientras trataba de interpretar qué le estaba intentando su cerebro. Durante el siguiente minuto se quedó quieta.

Mirando a su alrededor. Escuchando los ruidos de las calles.

Pero no veía nada extraño.

-Dígame Xavier –dijo Mara al sacerdote-. ¿Qué ve y qué escucha?

El padre Xavier miró a su alrededor y se encogió de hombros.

-No veo nada fuera de lo normal. Ni escucho nada extraño –le respondió el sacerdote.

Mara le indicó al sacerdote que se agachara detrás de un coche mientras ella hacía lo mismo y miraba a su alrededor. Por todas partes. ¿Una emboscada? Miró a los tejados pero no detectó nada.

-Eso es lo extraño –respondió Mara finalmente-. Una cosa es que apenas encontremos zombies, pero… ¿cuántos hay en las calles adyacentes?

Ninguno. Ni tampoco se les escucha. Es como si los hubieran silenciado.

-Pero eso es bueno, ¿no? –preguntó inocentemente el sacerdote?

-No lo sé. ¿Quién haría algo así en secreto? Alguien que no quiere ser encontrado… -Mara tampoco tenía claro del todo por qué su comportamiento era el que era. Fue entonces cuando escucharon una voz que no les era familiar.

-No esperaba menos de alguien que ha eliminado a un miembro de mi equipo. ¿Se va a rendir sin resistencia o tendremos que ir a matarle?
>>Le prometo que su muerte será rápida e indolora si se rinde. Si no lo hace… bueno… lo único que le puedo asegurar es que no se convertirá en un zombie.

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1 comentario

  1. Bueno. Llegamos a lo bueno! O lo más bueno? Excelente!


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