Jornada 9. El final del principio (VI)


Mara se dio unos cachetes en los mofletes de su cara. Debía reaccionar. No podía morir ahí. No podía rendirse. No sin saber quién era o cómo había perdido la memoria. Debía sobrevivir para descubrir su historia. Fuera cual fuera.

Respiró hondo tratando de ignorar el ruido a madera quebrada que hacía la puerta. Debía escapar de ahí, encontrar una salida. Miró a su alrededor. Nada. Era un espacio demasiado pequeño para defenderse cuerpo a cuerpo. Miró la pared con las estanterías, eran simplemente unas cuantas tablas colgadas. Tal vez podría arrancar una y usarla como estaca… No era mala idea del todo. Un rayo de luz entró en la estancia. La puerta no resistiría mucho más. Arrancó una de las tablas golpeándola rápidamente desde abajo para separarla de sus soportes. La luz cada vez entraba por más zonas de la puerta. Y la tabla no parecía que fuera a servir de mucho.

Miró de nuevo. Buscaba un milagro, algo que la ayudara en esa hora de necesidad. Pero no se había materializado nada en el pequeño espacio desde la última vez que había mirado. Algo cayó sobre su cabeza. Algo húmedo. ¿Podría ser que tuviera otro zombie encima? Sería el colmo de la mala suerte. Se apartó un poco y puso la mano. En un instante algo húmedo cayó sobre su palma. Aprovechando la luz que entraba miró el color. Transparente. Recordó que cuando había entrado en la ciudad estaba nublado y amenazaba lluvia…

Usó las estanterías para escalar algo y acercarse al techo. Y lo golpeó tentativamente. Madera. No había pensado que el techo fuera de madera.

Había imaginado que sería más duro… como los edificios que había visto en ciudades más pequeñas o en casas. Tal vez… Apoyada en una estantería desde la que golpeaba el techo con la tabla, vio asomar un brazo por una de las rendijas que se habían abierto en la puerta. De repente, Mara saltó al suelo agarrando con ambas manos el brazo del zombie que asomaba, insertándolo con fuerza en la maltrecha puerta, clavándose, ensartado, atravesado por parte de la madera, y salpicando sangre por toda la estancia. Asqueroso, sí, pero eso le ayudaría a ganar algo de tiempo.

Cogió el trozo de madera que había arrancado antes y comenzó a golpear con fuerza el techo que tenía por encima de su cabeza. El zombie parecía haberse enfadado al ver cómo uno de sus brazos quedaba atrapado en la puerta y sus golpes comenzaron a tener más fuerza y frecuencia.

Mara aceleró también sus golpes mientras miraba de reojo el brazo del zombie que se movía hacia delante y atrás y quedaba cada vez más maltrecho. Si imaginarlo era suficiente para revolverle el estómago, verlo en primera fila no ayudaba demasiado. Debía olvidarse de ello y seguir golpeando el techo. Ahí estaba su esperanza de fuga. Comenzaron a caer trozos de madera. Sí. Eso era bueno. Golpeó con más fuerza.

Notaba el cansancio. Pero daba igual. Ya tendría tiempo de descansar cuando estuviera muerta.

Miró de nuevo hacia arriba. El agujero que estaba haciendo cada vez era más ancho. Pero le preocupaban las puntas de las maderas… No quería acabar como el brazo del zombie. La puerta cedió finalmente. Se le acabó el tiempo. Debía subir sí o sí.

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