Jornada 9. El final del principio (V)


-Estúpida, estúpida, estúpida –se repetía una y otra vez Mara en voz alta.

Se encontraba encerrada en lo que parecía ser un armario de un almacén. Tal vez lo que debía haber sido el sitio donde la señora de la limpieza dejaba sus cosas. Era un espacio muy reducido, con algunos estantes… y poco más. La puerta estaba siendo aporreada con ritmo cansino.

Mara se imaginaba al zombie desde el otro lado tratando de abrir la puerta a golpetazos sin darse cuenta que la puerta se abría hacia fuera y lo único que conseguía era mantener la puerta en su sitio, cosa que Mara agradecía y de la que no se quejaba. No tenía suficiente espacio para maniobrar. No podía disparar a través de la puerta dado que… sus armas se habían quedado por el camino y sólo le quedaba un triste cuchillo aunque tampoco tenía muy claro el poder maniobrar con un arma grande.

¿Cómo había llegado a esa situación tan ridícula, estúpida y peligrosa?

Recordaba cómo aquella mañana había entrado en la ciudad por una calle que parecía desierta. Sin problemas a la vista. Caminaba tranquilamente por las calles observando con atención, estudiando lo que tenía alrededor. Todo era nuevo para ella. Los edificios, las ventanas, los coches… Había visto coches a lo largo del tiempo del que tenía memoria. Pero en aquellas calles los había de todos los tamaños y colores. Y los edificios eran magníficos. Más grandes aún de lo que se imaginaba. Además, cada fachada parecía ser de un color diferente. Y dentro de cada edificio los estilos también variaban de una ventana a otro, de un piso a otro. Unos tenían ventanas con marco de madera. Otras de metal. Unas eran negras, otras rojas…

De vez en cuando alguna ventana golpeaba contra la fachada y podía ver… antiguos supervivientes que seguramente habían muerto esperando ayuda, ¿cuál debía ser su historia? En los callejones la cosa era peor, veía ratas, muertas, habían salido buscando comida pero no debían haber encontrado nada, y de vez en cuando veía también algún esqueleto de animal, tal vez un gato o un perro. A pesar de lo dantesco que era todo a Mara le resultaba nuevo.

Las calles estaban más limpias de lo que había pensado. Había visto películas de antes del Apocalipsis y siempre veía papeles mecidos por el viento. Miró a su alrededor. No había papel alguno volando. Pensó que era natural. La lluvia, el viento, las condiciones climáticas se habían encargado de eliminar casi todo rastro orgánico de vida humana de las calles.

Vio un par de zombies dentro de un coche, intentando salir, sin éxito.

¿Cuánto tiempo debían de llevar ahí? Al no tener recuerdos sentía una gran curiosidad por todo lo que podía haber pasado. Ese coche y sus ocupantes tenían una historia al igual que ella, pero nadie la sabría nunca… era algo bastante triste.

Los golpes que se habían vuelto atronadores en la puerta la sacaron de sus recuerdos. La puerta parecía comenzar a resquebrajarse. Ya no duraría mucho. Y entonces… entonces su historia moriría con ella.

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