Jornada 8. El fin de los días IV (XXIX). Ello


Donald Brown tenía un plan. Le había venido a la cabeza mientras estaba en la azotea de un edifico estudiando a los zombies. Todavía buscaba la manera de llamar la atención de esos monstruos sin cerebro pero ávidos de carne humana viva. Había descartado la idea de usar un cebo humano, y la de usar un vehículo, dado que las calles eran impredecibles y nunca sabías con lo que te encontrarías.

Pero la revelación le vino del cielo. Como debía ser, pensó. Mientras había estudiado a los horrendos bichos que habitaban ahora la ciudad había observado que éstos reaccionaban al ruido, se dirigían al mismo, esperando encontrar su próxima víctima. La idea que tenía ahora era guiarlos a través del ruido. Generando el mismo para que lo siguieran.

El problema era cómo hacerlo. El asunto del vehículo seguía siendo un problema. Y su plan no avanzaba. Estaba tan cerca de obtener la solución, pero a la vez… era frustrante.

Y en ese momento el sol se ensombreció y unas enormes sombras se posaron sobre él durante unos segundos. Miró hacia arriba y tres helicópteros pasaron veloces pero silenciosos por encima de su cabeza.

Ésa era la solución. Helicópteros. Pero no esos inmensos armatostes.

No, helicópteros pequeños, sino una de esas maquetas que había en las tiendas de aeromodelismo. Sonrió.

Eso era. Un helicóptero de aeromodelismo haría ruido de por sí, pero además seguro que se le podría aumentar el ruido todavía más, de alguna manera. Poniéndole una radio casete con la música a tope.

Lo primero que había tenido que conseguir era encontrar una tienda de aeromodelismo en la ciudad, algo complicado teniendo en cuenta la plaga de zombies que deambulaban por la misma. Pero al final lo había conseguido. Con la caja venía todo lo necesario: instrucciones, material para montar y arreglar el helicóptero, consejos… Y sólo necesitaba el combustible. Una mezcla adecuada que también se explicaba en las instrucciones cómo conseguirlo.

Las primeras pruebas no habían sido muy prometedoras. Lo cierto es que era complicado manejar el helicóptero. Requería cierta maestría. Pero con cada prueba mejoraba el control del mismo, hasta que conseguió que volara cómo él quería y hacia donde él quería.

Desde la azotea hizo despegar al helicóptero y lo comenzó a pilotar hacia un grupo de zombies que había en la zona. Lo dejó volar sobre sus cabezas durante unos minutos estudiando la reacción de los mismos.

Y era la esperada, el nuevo y ruidoso elemento llamaba su atención.

Comenzó a mover el helicóptero y los zombies comenzaron a seguirlo. Y a cada metro que el helicóptero avanzaba se unían más zombies al grupo perseguidor. Funcionaba… los zombies perseguían el helicóptero intentando cazarlo levantando lenta e inútilmente sus brazos al aire.

Lo había conseguido. Ya tenía el medio para guiar con seguridad a un gran grupo de zombies contra su enemigo acérrimo que se encontraba refugiado en el cuartel militar. Sonrió al pensar la sorpresa que tendría al ver cómo miles de zombies invadían su preciosa base y la destruían… y de paso se lo comían vivo… sí, sería un espectáculo digno de ver… desde la distancia, claro, la seguridad ante todo.

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