Jornada 8. El fin de los días IV (XXVI). Ello


En la actualidad

Mara llevaba un par de días estudiando la ciudad desde la lejanía.

Estaba tumbada mirando a través de los prismáticos y estudiaba lo que tenía delante con fascinación. Mientras habían estado con el grupo siempre habían evitado las ciudades. Cuando había preguntado sobre el tema, le habían explicado que las ciudades eran como los pueblos pero más grande. Y por tanto tenían más zombies.

Pero se habían quedado cortos. Nunca había visto nada igual. Los edificios eran inmensos, algunos parecían tocar el cielo, además la arquitectura de la misma era completamente diferente a la de los pueblos. Mientras que en los pueblos existía cierta armonía en los edificios y mantenían cierto parecido unos con otros, la ciudad tenía una mezcla de estilos tremenda e ilógica. Largos edificios rodeados por edificios más pequeños de distintos tamaños y colores. Zonas que parecían abandonadas y un poco más lejos casas que contaban con lo que antes había sido un jardín…

Y no se cansaba de mirar. Era la primera ciudad que veía… que recordara claro. Y nunca había estado en ninguna. Lo que era natural viendo lo que le esperaba en la misma. A través de los prismáticos podía observar a los zombies. Deambulaban por las calles de un lado para el otro.

Simplemente… caminando de un lado para otro. Sin rumbo, sin objetivo, a veces se quedaban quietos y no se movían en horas, con la mirada perdida en algún punto. Otras chocaban unos con otros durante varios minutos hasta que uno o ambos cambiaban de rumbo por el golpe. Era patético. ¿Cómo era posible que un ser tan… estúpido fuera a la vez tan peligroso? No parecían tener ni rastro de inteligencia. Había varios zombies dentro del jardín de una casa de la que no podían salir porque no sabían abrir la puerta de rejas. En los alrededores de los edificios más altos había zombies que se arrastraban, con las piernas visiblemente destrozadas, seguramente por haberse tirado desde alguno de los pisos sin pensar en las consecuencias.

No había ni rastro de vida humana. No había rastro de ningún tipo de vida. No veía animales, ni aves, nada. Las calles que podía ver estaban intransitables. Había vehículos volcados, quemados, cruzados… o todo a la vez. Pero aún así… sabía que acabaría bajando a visitar la ciudad. Quería verla más de cerca. Pero tenía que ser cuidadosa. No llamar la atención. Y todavía no sabía cómo. Pero algo se le ocurriría. Se levantó y comenzó a caminar rodeando la ciudad desde la distancia. Era obvio que desde ese punto no se podía acceder a la ciudad. Debía buscar una entrada mejor.

Había una pregunta que le corroía, ¿debía haber supervivientes en aquella inmensa masa de edificios que llamaban ciudad o los únicos seres que la poblaban serían los zombies?

Debía averiguarlo.

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