Jornada 8. El fin de los días IV (V). Ello


Eso era lo otro que se temía. Los rumores. Y sus compañeros cardenalicios alrededor como buitres en busca de comida. Tampoco quería exagerar. Comprendía a sus compañeros de fe. La noticia, de ser cierta, era algo extraordinario. Y todo el mundo quería formar parte de ese milagro.

-En breve convocaré al colegio cardenalicio y a la Curia y todos serán informados. –dijo a modo de saludo-. No tengo todavía todos los datos. Debemos tratar este asunto con sumo cuidado y sin comenzar a extender rumores. Lo único que puedo decir por ahora, y por favor presten atención a mis palabras exactas, es que el cuerpo del Pontífice ha vuelto a la vida.

Los cardenales se quedaron unos segundos en silencio tratando de comprender las palabras del camarlengo. Luego, poco a poco comenzaron a santiguarse al entender las palabras pronunciadas. Finalmente uno de los cardenales de más edad tomo la palabra e hizo la pregunta que todos tenían miedo de realizar.

-¿Está sugiriendo que el cuerpo del Papa ha sido poseído por una entidad demoníaca?

Filippi guardó unos segundos de silencio antes de responder.

-Tengo dudas que lo que ha regresado a la vida sea nuestro Santo Padre –hizo una breve pausa-. No obstante, también tengo dudas sobre que estemos ante una posesión.

-¿Entonces a qué nos estamos enfrentando? -insistió el cardenal.

-No lo sé. –Negó con la cabeza el camarlengo-. He ordenado traer ante mi presencia al padre Xavier.

Los gritos de indignación comenzaron a sonar y el camarlengo tuvo que imponer la calma levantando las manos pidiendo silencio.

-Yo mismo le envié a África como castigo por sus… ideas extremas sobre la Iglesia. Recuérdenlo. Pero creo que estamos de acuerdo en que es uno de los miembros de esta Iglesia más versado en las ciencias modernas y que su fe sigue siendo inquebrantable a pesar de esos pensamientos. En estos momentos… tal vez él tenga una respuesta que nosotros no sabemos ver.

Los cardenales parecieron convencerse ante las palabras del camarlengo y asintieron con la cabeza. Confiaban en la sabiduría del mismo, dado que el propio Papa le había nombrado. Y su reputación de hombre de fe y defensor de la Iglesia era conocida por todos.

-Ahora les ruego que me dejen seguir trabajando. Les prometo mantenerles informados. Sólo les pido que sean pacientes con este pobre hombre.

Los cardenales volvieron a asentir. El cardenal que había llevado la voz cantante se acercó a Filippi.

-Pero no podemos mantener en secreto la resurrección del Santo Padre. La gente en la plaza de San Pedro se está impacientando. Y las televisiones están llamando para saber por qué se ha cortado la señal del interior del velatorio.

El camarlengo asintió. Debían dar pasos cortos en aquel momento. Pero seguros. En estos momentos todavía podían controlar la noticia y ser ellos quienes la manejaran.

-De acuerdo. Emitiremos un breve comunicado al mundo en el que informaremos de la resurrección del Santo Padre y transmitiremos unas imágenes de él descansando en su cama. Pero diremos que está descansando y todavía no ha revelado el motivo de su regreso al mundo de los vivos.

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