Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (XXXXVIII) Por JD


Donald Brown observaba desde una azotea la marea de zombies que abarrotaban las calles de la ciudad. Le daba asco sentir la fascinación que tenía al ver el movimiento errático de esos seres. Parecían vagar por las calles de un lado para otro, sin rumbo fijo, sin un aparente objetivo. Por más que trataba de adivinar sus movimientos, de buscarles una lógica, no lo conseguía. Y se odiaba al descubrirse fascinado por esas demoníacas criaturas.

Los podía ver avanzar, retroceder, chocar entre ellos, por las calles pero no veía atisbos de inteligencia. Casi parecían no notarse entre ellos. Al menos eso era algo. Tener que luchar y sobrevivir en un mundo así era difícil sin que esos no-muertos pudieran hacer planes, cazarles o aliarse entre ellos.

Si los zombies ya eran peligrosos ahora, unos zombies organizados… le recorría un sudor frío por la espalda sólo de imaginarlo. No tendrían ninguna oportunidad.

¿Cuánto tiempo más seguirían sobre la Tierra los zombies? Notaba el olor putrefacto de su carne. Ese olor que invadía el aire, que a veces, ayudaba a descubrir que había uno cerca. Su carne parecía pudrirse. Pero seguían ahí, sin señales de querer desaparecer en breve. ¿Llegarían a quedarse en sus huesos y seguir no-muertos? Creía recordar que era imposible, que sin la carne y los músculos el ser humano no podía hacer nada y los huesos se separaban. Pero eso era con gente normal y las criaturas que estaba observando eran de todo menos normales.

Daba igual. Para sus planes le convenía que los zombies siguieran sobre la faz de la Tierra durante un tiempo más.

Los primeros intentos de su plan no habían tenido éxito. Los zombies parecían ser difíciles de arrastrar fuera de su ambiente si ellos mismos no querían hacerlo. Y usar métodos como disparos o animales como cebo no parecían tener éxito. Los zombies parecían estar dispuestos a moverse únicamente si había un humano por medio. Pero… ése era un plan al que todavía no estaba dispuesto a llegar. Había pensado en usar algún medio de transporte para llevarles, o para que el cebo los guiara, pero las calles estaban prácticamente intransitables. Entre los no-muertos, los vehículos, y las barricadas que se levantaron en su momento las carreteras estaban prácticamente intransitables. Tal vez un autobús convenientemente equipado… recordaba haber visto algo parecido en una película. Pero no tenía tan claro que pudiera funcionar en la realidad.

Tal vez si usaban dos vehículos se podría llevar a cabo el plan. Pero entonces el peligro estaría en el cambio de vehículos… tantas cosas que podían salir mal. Por ahora debía seguir planeando su próximo movimiento. Siempre que pensaba en el cabrón orgulloso negro ése que se había apoderado de la base militar y quería imponer sus reglas se encendía algo en él que le hacía continuar con sus planes.

Debía enseñarle una lección. Nadie se reía de Donald Brown impunemente. Y cuando una riada de zombies atacara la base militar y acabara con él… entonces vería si seguía siendo tan orgulloso o se meaba de miedo cuando se encontrara de cara ante el peligro de verdad.