Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (XXXVIII) Por JD


Oscuridad. ¿Ya había anochecido? No… algo no iba bien. ¿Dónde estaba la luna? ¿Y las estrellas? ¿No estaba en una ciudad? ¿Qué había pasado con las luces?

Había algo… lo tenía en la punta de la lengua… pero cada vez que parecía tener la respuesta se le escapaba. Tenía que recordar… sí, recordar… Su misión… su misión había sido defender a los civiles de un brote violento en una ciudad. Luego había resultado que el enemigo eran zombies. Habían evacuado. Sí, eso era… habían evacuado… entonces… los zombies les perseguían… habían comenzado a apoderarse de las calles de la ciudad. Ella se encontraba dentro de un humvee con algunos soldados. Se iban de la ciudad… pero… ¿qué había pasado? ¿Un accidente? Sí, el humvee… había ¿chocado? No lo recordaba… no había estado mirando la carretera cuando sucedió, estaba inmersa en sus pensamientos de justicia y venganza.

Entonces… ¿se había quedado ciega? No conseguía ver nada… trato de escuchar lo que pasaba a su alrededor. Notaba ruidos como de chasquidos… y notaba su cara húmeda, y algo que le goteaba…

¿Por qué no podía ver? Se pasó las manos por el rostro. Notó que tenía las manos manchadas, y la cara también… Sus dedos recorrieron sus ojos… y entonces lo tuvo claro… recordó lo que se le había olvidado, tenía que abrir los ojos si quería ver.

Levantó los párpados poco a poco. Era de día todavía. ¿Cuánto tiempo había pasado? Miró el reloj en su muñeca… el plazo del doctor se había cumplido ya. Pero seguía viva. Y parecía que la ciudad no estaba en llamas. ¿Habría sido un farol?

Se notaba aturdida. No podía moverse. Miró a su alrededor buscando ayuda. El cuerpo inerte del conductor la miraba con los ojos abiertos como si se hubiera llevado la sorpresa de su vida. Las gotas que notaba eran de la sangre que le recorría el rostro al soldado.

Giró la cabeza y deseó no haberlo hecho. Los chasquidos que notaba eran de los zombies que habían entrado en la parte trasera del vehículo y estaban comiéndose a los soldados de detrás.

Observó que los soldados de la parte de atrás del vehículo habían muerto por el accidente. O eso esperaba. Seguro que alguno lo había hecho dado el ángulo extraño de su cuello y la cabeza. Seguramente con las prisas y el miedo no se habían puesto el cinturón de seguridad y al volcar el vehículo no habían tenido ninguna oportunidad.

Y entonces se acordó. Por eso no podía moverse. Llevaba puesto el cinturón de seguridad. Debía quitárselo y salir del vehículo pero, ¿qué le esperaba fuera? Miró a su alrededor, aparte de los zombies que estaban ocupados en la zona de atrás había varios zombies rondando las cercanías y alguno comenzaba a acercarse con su lento paso.

Se soltó el cinturón y decidió que no podía salir por la parte del conductor, que era la que tenía encima. El conductor se lo impedía. Debía romper el cristal del parabrisas. Afortunadamente tanto su arma de mano como su fusil seguían con ella. Con la culata del fusil golpeó el cristal varias veces hasta conseguir que se separara del chasis del vehículo, luego con la ayuda de sus piernas lo separó más para poder pasar por el hueco y salir del vehículo.

Los zombies se giraron buscando el origen del ruido que rompía el silencio que reinaba en la calle. Y cuando lo localizaron comenzaron a caminar lentamente, como si no tuvieran prisa, hacia la capitana Grumpy.

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