Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (XXXVI) Por JD


El cansancio en la tropa se iba comenzando a notar cada vez más. No sólo en la puntería, dado que cada vez parecían necesitar más disparos para acertar, sino en la posición, en un par de ocasiones varios zombies consiguieron colarse en su perímetro y a punto estuvieron de rodearles. Afortunadamente todo acabó con un par de arañazos en varios soldados y las cabezas de los zombies aplastadas en la calle bajo la culata de los rifles de asalto.

La capitana Grumpy sabía que no podían aguantar más. La tensión se palpaba. Y los zombies parecían notarlo dado que su número había ido aumentando a medida que pasaba el tiempo. Miró su reloj. La hora que había dado el doctor para la destrucción de la ciudad se acercaba. Era el momento de marcharse.

-Nos retiramos –dijo con voz enérgica la militar-. Que las ametralladoras de los humvees nos cubran. Retrocedamos lentamente sin dejar de disparar.

Los soldados obedecieron y se escuchó más de un suspiro de alivio entre la tropa.

Poco a poco el grupo de soldados retrocedía sin dejar de disparar mientras las ametralladoras de los humvees disparaban también sin parar por encima de sus cabezas. Los zombies seguían avanzando. Cerrando el cerco sobre ellos.

Los primeros grupos de soldados se subieron a los vehículos y comenzaron a gritar al conductor que les sacara de ahí. Éste lo hizo sin esperar a las órdenes de su superior y sin avisar al artillero que vio como el movimiento hacía que sus disparos alcanzaran a varios soldados que iban hacia otro humvee.

Ése fue el detonante. El resto de soldados dieron la espalda a los zombies y salieron corriendo hacia los humvees tratando de salvarse sin querer escuchar más órdenes. Desde su punto de vista habían cumplido de sobra con su deber y era el momento de ponerse a salvo.

Nadie parecía querer hacerse cargo de los compañeros caídos por la ráfaga amiga. Además, al comenzar a moverse el resto de vehículos comenzaron a volar las balas libremente sin distinguir entre amigos o enemigos. Y, mientras, los zombies se iban acercando peligrosamente.

Ya casi no quedaban humvees en la plaza. Y la capitana Grumpy miró a los heridos. Quería salvarlos… pero parecía que era la única. Nadie de su unidad parecía dispuesto a arriesgar su vida por sus compañeros. El instinto de supervivencia les había invadido a todos.

Finalmente alzó su rifle y disparó a la cabeza de los heridos. En su mente lo racionalizaba de manera que les estaba poniendo a salvo de posteriores males. Ser atacados y convertidos… seguro que lo comprendían… aunque sabía que todo eso eran un montón de excusas.

Se subió al humvee seguida por las miradas de varios de sus soldados que habían asistido a la escena.

-¿Tal vez hubiera sido mejor dejarles vivos a merced de esas criaturas?

Nadie respondió y la mayoría desviaron su mirada.

-Pon en marcha el vehículo y sácanos de este maldito infierno –dijo con tono furioso.

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