Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (XXXV) Por JD


La capitana Grumpy ordenó a varios soldados que cambiaran sus posiciones y usaran las ametralladoras de los humvees que quedaban en la plaza para evacuar al último grupo. Nada más llegar comenzaron a disparar sin apuntar, tratando de formar una barrera de balas que los zombies no pudieran atravesar: saturar la zona de manera que el calibre de las armas sustituyera a la puntería.

El espectáculo que se formó a partir del momento en el que comenzaron a disparar era dantesco y algunos soldados no pudieron evitar vomitar al ver cómo los cuerpos humanos de los no-muertos eran desmembrados inmisericordemente y la plaza se llenaba de miembros amputados, cadáveres destrozados y otros que se arrastraban por los suelos a pesar de la falta de piernas o brazos o parte del torso.

La propia capitana Grumpy tuvo que cerrar unos segundos los ojos para calmarse mentalmente. Aquello no era una batalla, era una carnicería en toda regla. Y lo peor era que no tenía trazas de terminar. Los zombies parecían haber quedado de acuerdo en ir todos a la plaza a por ellos.

Las últimas ráfagas hicieron que por un momento no quedara ningún zombie en pie en la plaza y pudieran tomarse un breve respiro. Seguían habiendo algunos no-muertos que se arrastraban miserablemente por el suelo o que al menos lo trataban, en busca de los vivos que quedaban en la plaza sin mucho éxito; los soldados veían el patético espectáculo pero no se atrevían a disparar y acabar con el ¿sufrimiento? de esas criaturas.

Fue en ese momento de tranquilidad que a la capitana Grumpy le vino a la cabeza una terrorífica teoría. ¿Y sí el doctor no estuviera en la ciudad para acabar con los zombies? ¿Y si fuera todo lo contrario? ¿Y si la misión del doctor y su organización era formar un ejército de zombies? Eran lo más parecido a carne de cañón que nadie podía encontrar sobre la faz de la tierra. Sin miedo, sin misericordia, sin dudas… eran como una plaga bíblica. No ganaban por su inteligencia. Ganaban por su número.

¿Podría estar siendo éste el experimento del doctor? ¿Los estaría controlando en ese preciso momento para que los atacaran y así no dejarles salir de la ciudad vivos? No había manera de saberlo. Pero aquel momento de duda se acabó cuando una nueva oleada de zombies comenzó a rodearles. Salían de todas partes. Y los soldados miraban continuamente a su superior esperando la orden para retirarse.

Ella también quería irse cuanto antes de ahí. Pero debía ganar tiempo para que el resto de sectores y el último convoy de la plaza tuvieran tiempo de evacuar. Mientras los zombies se centraran en ellos no estarían atacando a los evacuados. ¿Pero cuánto tiempo más podrían resistir?

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