Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (XIX) Por JD


En el centro de comunicaciones se había generado un pequeño caos debido a la caída de comunicaciones. Por más que lo intentaran no había manera de conectar con ciertos sectores y la capitana Grumpy temía que eso sólo fuera el principio.
-¿Qué hay de las líneas terrestres?

Uno de los ingenieros pestañeó rápidamente.
-Son independientes, se tendrían que cortar individualmente por zonas, pero no tenemos conexión con los sectores mediante dichas líneas.

-Simplemente llame a todos los teléfonos públicos de esos sectores y espere a que alguien responda -señaló la militar-, e informe al resto de sectores de que en caso de pasar lo mismo consigan un par de líneas terrestres y nos informes de sus números.

Se dirigió hacia la salida de la tienda, pero antes se giró hacia los soldados de comunicaciones.
-E informe a las tropas que mantengan los ojos abiertos, puede que esto sea el preludio de algo peor.

Nada más salir se dirigió hacia el ayuntamiento. Y sin perder tiempo entró en el despacho del alcalde que levantó la cabeza al verla entrar y se mostró sorprendida. La capitana Grumpy la ignoró y se dirigió hacia donde estaba el doctor Rodríguez, delante de una sección de ventanales del despacho, desde la que observaba lo que sucedía a su alrededor. El doctor vio dirigirse hacia él a la militar y mostró su sorpresa, y más cuando ésta le cogió de los hombros.
-Se ha acabado mi paciencia, quiero saber quién es usted y qué está pasando en esta ciudad -dijo gravemente la militar.

-¿Se puede saber qué está haciendo? -preguntó aún sorprendida el alcalde que se había puesto en píe-, deje a ese hombre inmediatamente.

El científico no había dicho nada todavía, por lo que la capitana Grumpy le golpeó en el abdomen, el doctor se retorció del dolor.
-Éste ha sido para demostrarle que no tengo tiempo para bromas, el próximo aviso será con la pistola. Quiero saber quién es usted en realidad, para quién trabaja, y qué están haciendo en la ciudad.

El alcalde seguía gritando a la militar.
-Quiero que deje a ese hombre inmediatamente; no sé dónde se ha pensado que está, pero no puede actuar como si fuera un vaquero o entrar aquí por la fuerza y amenazar a mis ayudantes.

La militar se giró durante unos segundos hacia la mujer que le estaba gritando.
-Cállese de una vez, viaja cacatúa; ahora no tengo tiempo para sus tonterías, esto es algo serio… claro, que posiblemente usted ya lo sepa…

El alcalde se quedó en silencio y desvió la mirada sin saber qué decir o qué hacer. La militar hizo el gesto de coger su pistola.
-El tiempo corre doctor…

La mirada de la militar delataba que no parecía estar mintiendo, el científico levantó ambas manos en señal de rendición.
-De acuerdo, de acuerdo, se lo contaré todo.

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