Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (V) Por JD


La capitana Grumpy observaba las calles de la ciudad mientras su humvee avanzaba entre el tráfico. Nada parecía indicar que hubiera problemas de violencia y asesinatos en la misma, salvo la ayuda que habían pedido las autoridades que parecían estar desbordadas por el incremento de la violencia en la ciudad y de los actos de pillaje.

Mientras esperaban en un semáforo ante la mirada curiosa del resto de conductores se preguntó una vez más qué hacía ella ahí. Debería estar preparando la intervención militar. Y no visitar a las autoridades locales. Pero una llamada del Estado Mayor le había ordenado ir a rendir pleitesía al alcalde en su castillo feudal.

El humvee finalmente entró en una enorme plaza que había sido tomada por la policía que no permitía que el tráfico circulara por la misma y que mantenía a la gente alejada del centro de la plaza en la que se alzaba un pequeño edificio de unas cuatro plantas de arquitectura antigua. Una vez identificada por uno de los controles se le permitió seguir hasta el aparcamiento que había en la parte delantera del edificio.

La capitana Grumpy se bajó del humvee y miró a su alrededor. Era una curiosa contradicción la que se observaba desde ahí. Delante de ella tenía aquel edificio de principios de siglo rodeado de edificios de factura más contemporánea. En su mayoría parecían ser oficinas, seguramente parte del entramado burocrático que hacía la vida de la gente más complicada. Alrededor del ayuntamiento había una pequeña plaza con su fuente, sus árboles y sus flores… todo demasiado bien cuidado.

-¿Capitana? -le preguntó el teniente que le acompañaba y que había estado conduciendo el humvee.

-Deje que me relaje teniente -le respondió la capitana-, ya me siento incómoda estando aquí rodeada de gente armada que no controlo para que usted me meta prisa para rendir pleitesía a un político ansioso de adulación.

Por el rabillo del ojo vio como los dos soldados que también les acompañaban a modo de escolta sonreían pareciendo compartir la opinión de su oficial superior.

Miró los edificios de alrededor. No parecía haber mucha actividad en los mismos. Salvo en los tejados donde podía observar equipos de francotiradores que vigilaban la plaza en busca de posibles problemas.

Definitivamente este escenario cada vez le gustaba menos y se temía lo peor.

Un joven trajeado salió del edificio a su encuentro. Parecía que no tendría más tiempo para retrasar el encuentro. Suspiró mientras observaba al joven sonriente ir hacia ella con prisa pero ir a la carrera. Cuando llegó a su altura la militar siguió en silencio.

-Soy el ayudante del alcalde -se presentó el joven que seguía sonriendo-,les he visto llegar, y al ver que no entraban he salido a recibirles; he tenido la sensación de que no sabían por donde entrar.

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