Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (XV) Por JD


No negaré que se me había pasado por la cabeza alguna vez tener una cabeza como compañera, para ver… cómo era. La verdad es que la cabeza acompañando tu cerebro hubiera sido más que adecuada. Pero bueno… creía que sería más complicado mantenerla, aunque reconozco que sería fascinante ver cómo una cabeza muerta se convierte en una cabeza zombie y poder estudiarla día a día… supongo que no era el momento.

Así que mientras continuamos nuestro viaje te puedo contar cómo acabé en la cárcel y cómo salí de ella. La verdad es que creo que es una historia interesante e intrigante. Y el destino vuelve a jugar una parte importante en la misma.

Verás, resulta que hubo una vez que alguien cometió un crimen. Mató a una serie de personas y dejó varios testigos vivos. Un chapucero vamos. El caso es que no había grabaciones, sólo los testimonios de las víctimas, que acabaron describiendo a un individuo parecido a mí. Supongo que eso de que tienes por ahí un gemelo, alguien bastante parecido a ti, es cierto. El caso es que acabé en una rueda de conocimiento y acabé siendo señalado como el autor de los hechos.

Lo cierto es que yo tenía una coartada bastante sólida. Pero no dije nada. Ya, parecerá una locura, pero verás, resulta que siempre, dadas mis investigaciones, había tenido en cuenta que podría acabar en prisión por la moral de la sociedad en la que vivía. Y había sentido cierta curiosidad por la vida en la misma. Y ahora se presentaba esa posibilidad con una carta de ‘quedas libre de la cárcel’ para cuando quisiera dejarla. Ideal.

Bueno, acabé en la cárcel a la espera del juicio. Encerrado con la ‘escoria’ de la sociedad. La primera noche compartí celda con un tío que hacía el doble de mí. Uno de esos que se solían ver en las películas carcelarias. Y con intereses que no compartíamos. A la mañana siguiente los vigilantes lo descubrieron colgado de su camastro. Se había suicidado. Por supuesto la prisión investigó el suicido intentando averiguar si yo había tenido algo que ver, buscando pruebas de juego sucio. Pero siempre he sido muy limpio.

Mi segundo compañero de celda fue un delincuente de los llamados de cuello blanco. Uno de esos estafadores que se ganaba la vida robando el dinero a ancianos mediante tretas sucias y engaños. El pobre acabó con el cuello cortado mientras caía al suelo de la galería. Nunca supe de qué murió primero, si desangrado o por la caída. Tampoco se pudo probar nada. He de decir que me fascinó la política interna de los presos. He de reconocer que alguno me vio con el estafador, pero ninguno dijo nada. Engañar a ancianos para robarles su dinero es un delito mal visto ahí dentro, así como ir contra las mujeres o los niños. Me complace decir que descubrí varios pedófilos y violadores que tuvieron desgraciados accidentes, y no, no fui yo el que se tomó la justicia por su mano, pero una vez descubiertos, supe a quién debía informar. El alcaide debía de estar disgustado. Seguro que desde que entré a formar parte de la plantilla carcelaria el índice de muertes y accidentes se elevó hasta números nunca vistos. Pero no es algo que pudieran asociar conmigo realmente.

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1 comentario

  1. Esta loco del todo XD.


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