Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (XIV) Por JD


He de decir que quedé algo decepcionado con ese pueblo y sus habitantes. No me entiendas mal, el reto era interesante, pero… se resolvió de una forma tan fácil… no sé, a veces esperas… algo más, un “nosequé”, es difícil de explicar con palabras. Pero no se puede conseguir una obra maestra pintando un solo cuadro. Hay que practicar y practicar y practicar.

La verdad es que no sé qué hacer con tu cerebro. Me da cosa dejarlo por aquí tirado para que lo devore cualquier animal… supongo que seguiremos camino durante un tiempo, hasta que me figure que hacer él.

El siguiente pueblo había sufrido más la amenaza zombie. Pero también habían sobrevivido. Y ahora se estaban rehaciendo. El problema es que había muchos zombies merodeando, era una zona peligrosa para quedarse, y no sabían qué hacer.

Entonces llegué yo. Los habitantes no eran tan habladores, ni tan amables. Supongo que al ser una comunidad pequeña no estaban tan acostumbrados a los extraños, o simplemente yo no les gustaba.

Un bonito reto. La verdad es que tampoco intenté integrarme en la comunidad. Eso sí levantaría las sospechas. Así que simplemente paseé por el pueblo como si fuera un extraño mientras buscaba qué unía a esa comunidad. Y Dios me ayudó. Vaya si me ayudó.

Era una comunidad temerosa de Dios, y su faro de fe sufría una crisis al no saber responder a las preguntas de sus feligreses ni saber identificar lo que significa este Apocalipsis. Así que me ofrecí a ayudarle como buen… temeroso de Dios.

Le indiqué que era un milagro que su comunidad hubiera sobrevivido. Que ésa era una señal divina. Que otros sitios habían sido masacrados por ser pecadores. Ellos eran una comunidad ejemplar. Y debían seguir siéndolo: rezando a Dios y pidiendo perdón por sus pecados. Y… deshaciéndose de los pecadores que podrían poner en peligro esa ejemplaridad. Además, le sugerí que debían aislarse del mundo. Dedicarse a rezar por su salvación. Sacrificarse por los demás.

Te puedes imaginar lo que pasó. Primero se deshicieron de los ‘pecadores’ que ellos creían que pondrían en peligro sus vidas. Y, luego… bueno, llegaron las noticias de que un grupo numeroso de zombies se acercaba al pueblo, y vieron eso como otra señal. Decidieron encerrarse en la iglesia con víveres para sobrevivir y ser salvados por Dios de esa maligna plaga. Por un momento tuve la esperanza de que se acercaran hasta los zombies y se ofrecieran a éstos arrodillados con la esperanza de ver cómo su Dios obraba un milagro.

Cuando dejé el pueblo la iglesia estaba rodeada de zombies. La verdad… me avergüenza reconocerlo, pero no me quedé para ver cómo acababa la cosa, tenía pinta de ir para largo. Aunque el final sí que me lo podía imaginar. O morían a manos de los zombies de fuera, o morían a manos de los zombies de dentro. No debieron de poder aguantar mucho en la iglesia. Las condiciones higiénicas debían de ser inexistentes. Pero bueno, fue su decisión. Yo sólo… les hablé de posibilidades. No les obligué a nada.

No es culpa mía si la gente es tan voluble. En fin, a ver qué hago contigo, cerebro querido.

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