Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (VII) Por JD


Donald y Joseph se miraron alarmados.
-¿Dónde está Martha? -le urgió Donald- ¿Dónde la has visto o la has dejado?

El chaval estaba ahora sollozando y no parecía poder articular palabra; Donald insistió.
-Martha, ¿dónde está?

Finalmente, entre lamento y lamento, levantó un brazo señalando una dirección mientras decía una cifra que a Donald le sonó a trescientos. Tanto él como Joseph se lanzaron en carrera hacia la dirección señalada.

Cuando Donald calculó que estaban por la zona señalada por el chaval frenó en seco y comenzó a mirar por la zona, buscando cualquier signo de Martha, zombies, o de lucha. Indicó a Joseph que se abriera para así poder cubrir más camino. Ambos avanzaban en silencio mirando por todas partes. ¿Estarían en el lugar adecuado? ¿Habría sido todo una broma? Donald entonces escuchó a Joseph exclamar algo. Corrió en dirección del sonido y vio a lo lejos a Joseph apoyado contra un árbol, parecía estar vomitando. Cuando llego a su altura pudo observar la terrible escena que había hecho vomitar al otro hombre, y ante el dantesco espectáculo su propio cuerpo comenzó a reaccionar de la misma manera y también tuvo que apoyarse a un árbol mientras vomitaba. ¿Quién podría haber hecho algo así?

Donald intentó controlarse, y dejar de vomitar. Se obligó a mirar de nuevo, al pie del árbol yacía Martha, estaba desnuda, y todo su cuerpo había sido abierto en canal. Una serie de cortes le subían por las piernas de manera que apartaban casi todo el músculo de las mismas, y casi dejaban ver los huesos. Era algo dantesto. Esos mismos cortes se repetían en los brazos y en su torso, el suelo a su alrededor estaba lleno de sangre, seguramente ya no quedaría ese líquido carmesí en sus venas. Parecía que alguien le había efectuado una autopsia, de la manera en la que estaba abierta. ¿Quién podría haber sido capaz de hacer algo así?

Joseph parecía haber dejado de vomitar y se acercó a Donald.
-¿Qué le han hecho? Dios mío, sólo era una niña, ¿Cuántos años tenía? ¿Dieciséis? ¿Diecisiete? ¿Habrá sido un zombie?

Donald levantó la vista del cadáver.
-¿Un zombie? ¡¿Un zombie?! ¡¿Cómo coño va a hacer esto un zombie?! –dijo señalando al cadáver-. ¿Cuándo hemos encontrado un jodido zombie que fuera capaz de abrocharse los pantalones? Y ahora resulta que nos vamos a cruzar con el único zombie con inteligencia y que casualmente nos ataca a las puertas de una base militar después de ser despreciados como lo fuimos por los tipos ésos.

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