Jornada 5. John Smith. El fin de los días (IX) Por JD


Los tremendos motores de los tanques llenaron el ruido de la noche y comenzaron a maniobrar. Las orugas comenzaron a avanzar y a aplastar todo lo que tenían a su paso como si fuera mantequilla. Las ametralladoras continuaban vomitando balas a diestro y siniestro contra la multitud sin un objetivo claro. Durante un instante al general se le pasó por la cabeza ordenador disparar con el cañón de los tanques, pero no tenían ángulo para ello. Los tanques continuaban su terrible avance masacrador por encima de la gente. El ruido del motor impedía escuchar lo que pasaba fuera, pero dentro de la cabeza de Smith podía imaginarse el ruido realizado por las orugas al aplastar huesos humanos. Finalmente los tanques consiguieron llegar a la altura de los camiones. Uno había partido ya, mientras el resto estaba rodeado de gente que agarraba a los soldados y los derribaba de los camiones que no podían partir; los conductores habían sido arrastrados por la multitud y no quedaba ni rastro de ellos. Era una maldita masacre y él no podía hacer nada salvo aplastar gente con los tanques y ver cómo las balas de los mismos no parecían tener efecto. Una maldita pesadilla de la que no había manera de despertar.

Una primera explosión llenó de llamas y gritos uno de los camiones. ¿Había lanzado una granada uno de los soldados dentro del camión? ¿Habrían sido los civiles por error? Sin tiempo para pensar el segundo camión también explotó y comenzó a arder. Smith no se lo podía creer. En unos minutos las llamas alcanzaron el depósito de uno de los camiones que estalló más violentamente alzándose del suelo como si hubiera eruptado. El segundo camión le siguió poco después. Pero lo que era más atroz para el general -que no podía apartar la mirada del monitor- era que los atacantes no se detenían a pesar de las llamas. No parecían notarlas. Se estaban quemando vivos, pero no gritaban, no trataban de apagar los fuegos, simplemente… iban a por los soldados, o, ahora, a por los tanques. La gente seguía ardiendo y las llamas saltaban de una persona a otra… y no parecían preocuparse por ello. El olor a piel y pelo quemado se coló por los conductos de ventilación del tanque haciendo prácticamente imposible respirar. Uno de soldados dentro del vehículo apretó una serie de botones y un chorro de aire frío y limpio llenó los habitáculos. El general agradeció la acción en silencio. ¿Qué estaba impulsando a la gente a comportarse de esa manera? Había escuchado que algunas drogas permitían anular el dolor, pero… ¿Qué droga podría haber contaminado a la población? Hombres, mujeres, y niños. Todos prácticamente a la vez. Comportándose como salvajes. No, no como salvajes, los salvajes tenían un instinto de supervivencia. Esa gente estaba libre de ese tipo de inhibiciones, del dolor, no parecían sentir nada. ¿Qué hacía que cuerpos prácticamente carbonizados siguieran intentando moverse? Los soldados le miraron en silencio, esperando órdenes. Pero, ¿qué órdenes podía dar?

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s