Jornada 5. John Smith. El fin de los días (VI) Por JD


El general Smith comenzó a acercarse junto a un grupo de soldados a la multitud que caminaba hacia ellos para intentar hacerles entrar en razón y que volvieran a sus casas. Tanto los soldados como el general estaban bastante nerviosos. ¿De dónde habría salido tanta sangre? ¿Por qué se habían juntado de repente tantas personas?
Finalmente, se encontraron a medio camino de la empalizada principal.
-¡¿Quién de ustedes está al mando?! -preguntó el general con voz fuerte y serena.

Nadie pareció responder, es más, parecían como drogados, como en otro mundo, simplemente avanzaban hasta el punto en que comenzaron a rodear al grupo de soldados que alzaron las armas; el general ordenó retroceder poco a poco a sus hombres para no acabar rodeados. Algo extraño estaba pasando y no sabía lo que era. Fue entonces cuando vio entre el grupo a un par de sus soldados que habían desaparecido al principio de la misión. Tenían el cuello mordido, y les faltaba media cara, pero seguían en píe, al igual que otros miembros de los allí presentes. Eso fue demasiado para el general que, desconcertado, ordenó retirarse al grupo. En ese momento un miembro del grupo de civiles se lanzó contra uno de los soldados y comenzó a morderle salvajemente. El resto de soldados reaccionaron rápidamente y dispararon al atacante que no pareció reaccionar ante los disparos de la forma que tendría que hacerlo… muriendo. Volvieron a disparar pero no consiguieron que el atacante soltara su presa que estaba gritando fruto del dolor y que no alcanzaba a entender qué estaba pasando. El general ordenó a sus soldados dejar de disparar y retirarse a paso ligero. Mientras volvían a la empalizada comenzó a dar órdenes.

-Águila real a águila uno, necesitamos apoyo aéreo inmediato, una multitud desbocada se dirige hacia las barreras y son violentos. Repito, nos han atacado, permiso para disparar concedido.

-Águila uno, recibido, iniciamos primera pasada.

El sonido del helicóptero se hizo más fuerte a medida que se iba acercando; y en unos instantes el atronador ruido de sus ráfagas de balas se hizo presente en la avenida que estaba llena de gente que parecía no hacer caso al ruido del helicóptero.

Justo cuando Smith iba a cruzar las barreras el infierno se desató y sus soldados comenzaron a caer como moscas debido a las balas que llegaban desde el cielo.

-¡Aguila uno, alto el fuego, fuego amigo, repito, fuego amigo!

Esto no podía estar pasando, se repetía una y otra vez Smith.
-¿¡Qué demonios estáis haciendo!? ¿Os habéis vuelto locos? Estáis disparando al objetivo equivocado?

-Águila real, no detectamos más señales de calor, los sensores no detectan ningún punto de calor más, hemos disparado a dónde indicaban la mayor concentración de calor.

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