Jornada 5. John Smith. El fin de los días (II) Por JD


-Su grupo consta de 21 personas –dijo Henry sonriendo-, en estos momentos están acampados a 5 kilómetros de aquí, usted personalmente no se ha acercado a esta base para investigarnos, ha mandado a tres personas diferentes, dos hombres y una mujer, morena, flacucha, que ha sido la que más información ha conseguido de esta base.

El gesto de Donald se torció. Henry continuó.
-Ahora mismo tiene un punto rojo apuntando a su pecho -dijo señalando el mismo-, la gente en este campamento se toma muy en serio su trabajo, y no le gusta que le amenacen. Sabíamos que estarían vigilando así que dejamos que nos espiaran, y mostraran su actitud. Y su actitud no me gusta. Así que me temo que si quieren quedarse aquí para descansar tendrá que seguir las normas más restrictivas.
-Es un farol -dijo Donald mirando a su alrededor-, seguramente alguien de mi grupo les ha informado, para comprar un sitio en este lugar.

Un segundo punto apareció en el pecho de Donald, así como otros tantos en los dos miembros más cercanos a él.
-Por supuesto, seguro que es un farol, pero lo que se está jugando es su vida, no la mía. Mire, le seré sincero -la voz de Henry se endureció-, mis hombres son… profesionales, y los zombies no son precisamente un reto, quiero decir que para entrenarse vuelan los dedos de las manos de los zombies, sus orejas… bueno, ya se lo puede imaginar. Un humano es más… apetecible, más irregular. No se crea, no somos monstruos, le mataremos de un disparo al corazón, y luego, cuando se convierta en zombie… bueno, jugaremos con su cuerpo. Excepto que nos toque los cojones demasiado; en ese caso no tendrán problemas en ver cuántos disparos necesitan para matarle lentamente. ¿De verdad quiere comprobar mi farol?

Como para corroborar sus palabras en ese momento llegó un grupo de militares pertrechados perfectamente. El que iba en cabeza, con una gorra, y dos estrellas en los hombros se acercó a Henry sonriendo y sin hacer caso a los desconocidos dijo:
-Henry, muchacho, ¿te están causando problemas estos civiles? Mis hombres necesitan entrenamiento cuerpo a cuerpo.

La cara de Donald paso por varias fases mientras Henry sonreía.
-General Smith, no, creo que esta gente ya se iba. Parecen no querer aceptar las condiciones para pasar un fin de semana aquí.

-Qué lástima -dijo el general-, bueno, nosotros vamos pasando, si necesitas algo sólo tienes que silbar -a continuación indicó a sus hombres que le siguieran, y avanzaron hacia el interior de la base ignorando por completo al grupo que estaba en la puerta.
-Bien -dijo Henry que no se esperaba la llegada del general ese día-, si su grupo y usted quieren descansar y ayudarnos serán bienvenidos, y si no… bueno, ya sabe dónde está la salida.

Donald miró a su alrededor y vio la cara de miedo en sus acompañantes.
-Nos vamos… por ahora.

Henry los vio marchar y se fue a buscar al general para ponerle al día de los últimos acontecimientos, y para ponerse él también al día de lo que estaba pasando ahí fuera.