Jornada 5. John Smith. El fin de los días (I) Por JD


Base Militar Echo (En el presente)

-Mierda -dijo Henry sacando el destornillador del motor y tirándolo al otro lado del hangar, pasar los motores eléctricos a los vehículos militares estaba siendo una tarea tediosa y dificultosa. En teoría tendría que ser al contrario, dado que los puñeteros eran más grandes que un vehículo civil, y deberían tener más espacio, pero trabajar con ellos se estaba convirtiendo en una pesadilla.

Su comunicador cobró vida:
-Henry se acerca un grupo a la puerta principal, armado.

Henry suspiró, otra vez a hacer de poli malo. Se subió a un humvee que le había venido a buscar, uno de los que ya usaban el motor eléctrico, y le llevó a la entrada principal donde le estaba esperando uno de sus hombres.

Se bajó del humvee que con la misma rapidez que le había traído y desapareció. Se arregló el uniforme militar que llevaba y esperó a que llegaran las visitas. No tardaron mucho. Se trataba de un grupo típico de supervivientes, desaliñados, descuidados, y con la mirada perdida. Respiró hondo, esperó a que el que seguramente debía ser el que estaba al mando diera un paso al frente e hiciera contacto ocular.
-Bienvenidos a la base Echo damas y caballeros, ¿qué puedo hacer por ustedes?

El que estaba al cargo llevaba unas gafas de sol que le ocultaban los ojos, una barba incipiente, y una sonrisa que indicaba que creía estar por encima de Henry.
-Me llamo Donald Brown, estoy al cargo del grupo de supervivientes. Quisiéramos que nos proporcionara comestibles y ver lo que tiene por si podemos usar algo.

Henry miró de arriba abajo al hombre que acababa de hablar casi en un tono amenazante.
-¿He de suponer que si no accedo ocurrirán cosas malas?

Donald sonrió maliciosamente mientras teatralmente se quitaba las gafas de sol.
-Les hemos observado, apenas tiene hombres, muchos refugiados, y vehículos interesantes. No se lleve a engaño, las personas que me acompañan no es mi grupo completo, sólo… un ejemplo de lo que tengo bajo mi mando, hombres y mujeres entrenados en el uso del armamento, que han sobrevivido a este apocalipsis, y entrenado con sus vidas en juego contra los zombies.

-Esta base -comenzó a recitar Henry- es un santuario para la humanidad. Prometemos protección contra el exterior a cambio de mano de obra. Siempre necesitamos que se lleven a cabo obras, reformas, mantenimiento. Tratamos de ser sostenibles, y plantar y cuidar cultivos es una tarea diaria y dura. Así que a cambio de ayuda les damos comida, un lugar donde dormir, y a gente como ustedes pues… les ofrecemos un trato parecido, pueden pasar unos días tranquilos aquí, ayudando con esas tareas, o pueden irse por el mismo lugar que han llegado.

Eso no gustó a Donald que miró duramente a Henry.
-Creo que no me entiende, usted nos proporcionará lo que necesitemos, sin causar problemas. Les hemos estudiado, podemos tomar esta base cuando queramos. Pero preferimos evitar un derramamiento de sangre entre humanos, y encontrar un entendimiento beneficioso.

1 comentario

  1. la verdadera naturaleza humana siempre aparece en las situaciones limite,excelente narracion


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