Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XVIII) Por JD


La factoría no estaba muy lejos del complejo residencial, a unos diez minutos sin tráfico por la carretera principal. Mientras salían del sitio donde habían vivido gran parte de su vida ninguno miró atrás. Por suerte por el camino no encontraron ni zombies, ni tráfico. Cuando se habían alejado medio kilómetro comenzaron a escuchar las sirenas que se usaban para casos de emergencia. Tal vez así los vecinos tendrían una oportunidad de sobrevivir, o de morir en familia. Pensar en ello hacía que Henry se sintiera frustrado y no parara de pensar en que si se hubiera quedado a lo mejor podría haber organizado a los vecinos, y podrían haber vencido a los zombies, o podría haber muerto… Viendo en el retrovisor a los hijos de Sarah que parecían haberse puesto a dormir de nuevo, benditos niños, se aseguró a sí mismo que la que había tomado era la decisión correcta. Egoísta seguramente, pero… era una deuda de honor.

Cuando llegaron a la factoría Henry dirigió el vehículo directamente al garaje uno donde estaban el resto de vehículos de pruebas. Ahí le estaba esperando Sam, que miraba cómo uno de sus hombres, Jack, colocaba varias cosas en la parte trasera de otro SUV. Henry se bajó y saludó a Sam:
-No tengo intención de quedarme mucho tiempo aquí. Revisar los vehículos, comprobar que lo tenemos todo y largarnos enseguida. Lo que no entiendo es cómo es que me has creído enseguida.

-Digamos que tenía mis sospechas por rumores que había escuchado -respondió Sam algo esquiva. En ese momento otro de los compañeros de seguridad de Sam apareció portando un enorme baúl atento a la conversación.
-Su novio es policía y lleva sin saber de él casi una semana, por lo visto en la ciudad ha habido disturbios e incluso han tenido que llamar al ejercito y declarar la ley marcial.

Sam le lanzó una mirada poco amistosa:
-¿No tienes asuntos que atender Daniel?

Henry recordó vagamente la conversación, más o menos, que había mantenido con su amigo, el general, hacía unos días, y de cómo no habían podido quedar por que les habían movilizado.
-Seguro que estará bien -dijo finalmente sin querer revelar la información, no tenía sentido preocupar más todavía a Sam-. ¿Cómo va por aquí?

-Ocho trajes antidisturbios completos -comenzó a recitar Sam-, con sus escopetas adaptadas para disparar bolas, sacos, o gases lacrimógenos, cinco subfusiles MP-5 con cuatro cargadores completos para cada uno; diez pistolas glock reglamentarias, con dos cargadores completos para cada uno, y cartuchos de varios tipos para las escopetas.

Henry silbó sorprendido.
-Vaya arsenal que teníamos, y yo sin saberlo.

Tom, otro de los hombres bajo el mando de Sam, que había estado colocando material en el SUV intervino.
-El espionaje industrial es un negocio serio y se paga muy bien la información de otras empresas.

Henry no pudo evitar sonreír al mirar los vehículos.
-Que me vas a contar.

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