Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XI) Por JD


En los siguientes días Henry iba como noctámbulo. Se pasaba el día sentado en su despacho, mirando a través del ventanal a lo lejos, con la vista perdida. Repasaba los eventos de ese fin de semana sin que pudiera llegar a entenderlos. La mayor parte del trabajo que había se la había dejado a su ayudante, que no había mencionado nada, ni había intentado consolarle, no había palabras para convencer a Henry, ¿de qué había que convencerle? Ése era el problema. Ni siquiera la policía acababa de entender qué había pasado. Comía cuando su asistente le traía la comida, se iba a casa cuando veía que los demás se iban, firmaba los presupuestos y los proyectos apenas sin mirarlos.

Y nada parecía aliviar la pena de Henry. En algún momento, sin saber cuándo ni porqué, cogió el teléfono y marcó un número, al otro lado de la línea sonó una voz muy familiar:

-General Smith, ¿Qué tal todo?

<“¡Abdulah, amigo!”>

Henry suspiró, al otro lado de la línea se escuchó la carcajada del general.

<Siempre tan serio, muchacho, ¿Qué te pasa Henry? ¿Has matado a alguien mientras jugabas a soldaditos?>

Sabía que era una broma, pero no pudo evitar soltar una especie de gruñido como si le hubieran cogido con las manos en la masa.

-Sólo llamaba para ver cómo iban las cosas -dijo Henry a modo de disculpa.

<Ahora andamos algo ocupados, nos estamos movilizando, por lo visto hay disturbios en algunas ciudades y se ha declarado la ley marcial, un segundo…>

Henry esperó mientras escuchaba ruido de papeles y de botas de fondo y cómo se gritaban órdenes.

<Capitana Grumpy, usted irá al sector 17, la infantería mecanizada estará de apoyo>

Escuchó las órdenes, así como una voz femenina que respondía a las mismas.

<Señor, sí, señor>

Henry iba a colgar cuando la voz de Smith volvió a sonar.

<Lo siento, tengo que dejarte, ¿por qué no te pasas a finales de la semana que viene? Supongo que para entonces ya estará todo resuelto y podremos recordar los viejos tiempos, cuando eras un soldado de verdad>

Colgó el teléfono y volvió a contemplar el paisaje que se veía desde su despacho.

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