Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (IX) Por JD


Henry apuntó y disparó tres veces al pecho, dos a la parte superior y una a la parte inferior, tal y como le habían enseñado en el ejercito. Tampoco pareció afectarle los disparos, le pararon en seco un segundo, pero continuó su marcha, apuntó a la cabeza y disparó de nuevo. El segundo atacante se quedó quieto, cayó sobre sus rodillas y luego sobre su pecho.

Parecía que todo se había acabado. Por fin. A lo lejos escuchaba el sonido de las sirenas de la policía y también podía escuchar a alguno de sus compañeros vomitando fuera de la habitación tras ver el baño de sangre que había alrededor de Henry.

Éste notaba cómo su cerebro quería desconectar. Estaba entrando en shock. Y recordó lo que uno de sus instructores le había dicho una vez, “La mente es un instrumento extraordinario, cuando lo necesita te pide desconectar, si estás en peligro puedes negarte a esa desconexión, y seguir luchando por tu vida, pero si ves que tu vida ya no corre peligro, déjate ir. Tu mente no se deja por vicio”. Siguió el consejo y todo a su alrededor dejó de existir.

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