Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (II) Por JD


Álgún tiempo atrás

Henry se encontraba en su despacho estudiando los últimos informes de los proyectos que estaban desarrollando. Desde luego no era una de las tareas que más le gustara, pero ser socio de la empresa le obligaba a ensuciarse las manos de vez en cuando con cifras y letras que para nada tenían que ver con lo que a él le gustaba.

Su ayudante entró en el despacho, antiguamente se habrían referido a ella como secretaria, pero hubiera sido un error, era cierto que ejercía tareas comunes, pero también era cierto que era una de las jefas de departamento que le ayudaba a estar al día en todo lo que pasaba; brillante, con algunas ideas interesantes, y que no se mordía la lengua diciendo lo que pensaba. Lo que en la sociedad en la que Henry vivía estaba mal visto, pero que él agradecía.

Le entregó un dispositivo de almacenamiento USB. “Ha costado, pero aquí tienes los diseños de los japoneses,” le dijo sonriendo.

Henry miró el dispositivo y lo conectó a su ordenador:
-Algún día debería preguntarte cómo lo consigues, pero entonces tendría que reconocer que me estás pasando datos obtenidos a través de espionaje informático industrial, y los dos estaríamos en un buen lío, así que… buen trabajo.

La pantalla se iluminó con una gran G en color blanco sobre fondo negro:
-Aunque tu amigo es un poco ostentoso -dijo señalando el anagrama. A continuación accedió a los datos, los imprimió en su impresora de gran tamaño y colgó los diseños en una pared.

Su ayudante no dijo nada, se apartó unos pasos y le dejó espacio para que estudiase los planos mientras paseaba la vista y el cuerpo de un lado para otro de la pared.

Henry se detuvo un instante y señaló los diseños mientras volvía la cabeza para hablar con ella: “Están mal.”

Ellen le miró con curiosidad, no era la primera vez que hacía algo por el estilo, mirar una cosa, superficialmente, y decir que algo no iba bien:
-Y supongo que no me podrás decir qué es lo que está mal.

Henry sonrió:
-Me temo que por ahora no, prepara una reunión para dentro de… -miró su reloj- dos horas con el equipo, y les informaré de lo que deben corregir y comenzar a producir.

-¿Dos horas? -dijo ella con tono sorprendido-, ¿te estás volviendo viejo?”

-No -respondió él-, es que quiero que tanto ellos como tú y yo podamos comer tranquilos y sin agobios, y si tienes tiempo confirma mi partida de airsoft para este fin de semana.

Ellen asintió y salió del despacho.

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