Jornada 3: “Vida y milagros de G,” el salvador del mundo (VII) Por JD


-¡Joder! -dijo Gerald poniéndose en píe-. ¡Soy gilipollas… soy gilipollas! -repetía mientras se acercaba a una términal que había en el laboratorio sin querer gastar la batería del portátil inútilmente. Se conectó a la red de seguridad del edificio y accedió a las cámaras de seguridad.

Doc se acercó a ver qué estaba haciendo.
-¿Qué sucede?

-Soy gilipollas -repitió una vez más Gerald mientras iba pasando de cámara en cámara, hasta que se detuvo en una y la amplió a toda la pantalla-. La morgue, no pensé en la puta morgue, joder. Seguro que en los primeros días no sabían qué coño estaba pasando y dejaron a los soldados muertos en el depósito. Joder, y no he caído, ni siquiera se me había ocurrido hasta ahora…

En la pantalla una enorme sala estaba repleta de zombies vestidos con el tradicional traje de camuflaje del ejercito, a algunos les faltaban alguna parte del cuerpo, pero los que estaban de píe, estaban caminando por la sala sin rumbo, chocándose entre ellos, o contra las paredes.

Doc miró alarmado la pantalla, “tenemos que salir de aquí,” dijo con tono urgente.

Gerald no podía apartar la mirada de la pantalla, era casi hipnotizador ver esa especie de danza macabra, buscarle un sentido, un patrón a lo que sólo era caos.

-Tranquilo Doc -dijo Gerald sin apartar la mirada-, están encerrados, no pueden salir.

Observó que había algún muerto que no llevaba el traje militar de camuflaje, sino batas blancas. Seguramente los pobres desgraciados serían auxiliares a los que les sorprendió la resurrección de los muertos sin poder avisar a nadie. Y menos mal. Dado que entonces a lo mejor estarían diseminados por la base… Sería mejor asegurarse. Gerald comenzó a comprobar todas las cámaras.

Mientras hacía eso comprobaba en una segunda pantalla el diagrama del edificio buscando su objetivo. Estaba comenzando a tejer un plan en su cabeza. Sonrió. Un plan que sería divertido y entretenido.

Doc le observaba sin decir nada, tampoco tenía muy claro qué hacer. Sus compañeros se miraban unos a otros asustados, buscándole con la mirada. Preguntándole sin decirlo qué hacer.

Gerald finalmente apartó la mirada de las pantallas.
-¿Alguno de vosotros sabe usar un arma?

Doc negó con la cabeza, el resto hizo lo mismo. Doc carraspeó:
-No tenemos armas, y por lo que sé , no creo que ninguno de ellos sepa usarlas.

Gerald se puso en píe.
-Muy bien, pues van a recibir un curso acelerado.