Jornada 3: “Vida y milagros de G,” el salvador del mundo (III) Por JD


Zombies, ¿Cómo demonios había pasado? Gerald recorría la ciudad hacia alguna de sus salidas sobre una de sus motos mientras miraba con miedo a su alrededor. Los zombies intentaban alcanzarlo a su paso pero cuando se giraban él ya estaba lejos. Se había decidido por una moto pesada, que pudiera pasar por encima de una de esas cosas sin perder el equilibrio o atropellarla sin miramientos. Al principio había pensado en usar uno de los coches, pero… cuando estudió el estado de las calles tuvo que quitarse la idea de la cabeza. Había multitud de coches abandonados en medio de las mismas y esquivarlos con otro coche era complicado y peligroso. Había sido testigo de un pobre diablo que lo había intentado; su coche se había quedado calado en medio de la calle y los zombies lo habían sacado a través de la ventana rota sin miramientos. Había estado escuchando sus terribles gritos durante cinco minutos, al cabo de los cuales suponía que o bien había fallecido o bien se había desmayado. El caso es que nunca había vuelto a despertarse y los zombies habían dado buena cuenta del mismo.

Durante los días previos había ido preparando su plan de forma intensiva y detallada. Lo primero era salir de la ciudad. Ahí estaban los zombies y seguramente seguirían durante un tiempo mientras tuvieran comida. Y en esa ciudad tendrían para rato. Una vez fuera de la ciudad lo principal era evitar lugares públicos como los hospitales. Era lógico imaginar que la mayoría de la gente se dirigiría a esos lugares en busca de seguridad y los zombies les seguirían. Tarde o temprano. Había estudiado los mapas de las afueras de la ciudad; la zona industrial era interesante pero no contaba con víveres. Había encontrado el lugar ideal a unos 200 kilómetros de la ciudad. Alejado de la misma pero seguro. O eso esperaba.

Cuando salió de la ciudad un grupo de zombies comenzó a seguirle, pero su paso lento y aburrido no era rival para el potente motor de su vehículo. Fue poniendo distancia rápidamente. Miraba el GPS de forma regular mientras evitaba los vehículos que estaban abandonados en las carreteras. De vez en cuando veía algún zombie que parecía perdido o se alejaba de la carretera. Pero no había corrido ningún peligro real desde que salió de la ciudad.

Abandonó la carretera y dejó atrás los carteles de prohibido el paso y los avisos de que los infractores podrían ser disparados. Atravesó un par de lo que habían sido anteriormente controles de acceso y paró la moto orgulloso de sí mismo y de que su plan hubiera salido bien. Estaba dentro de uno de las instalaciones más seguras de la zona. Una base militar abandonada y vacía.

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