Jornada 3: “Vida y milagros de G,” el salvador del mundo (II) Por JD


Gerald paseaba nervioso por el salón de su ático de lujo, colgado al móvil. Ya llevaba dos semanas encerrado en el mismo sin salir al exterior. Las noticias no eran demasiado buenas. Bueno, apenas había noticias. La televisión había dejado de emitir casi desde el principio, y la radio hacía unos días que había dejado también de escucharse. El móvil todavía funcionaba, y ninguno de sus contactos sabía qué estaba pasando exactamente. La única información que le había servido era la que le había permitido almacenar víveres antes de que el mundo se volviera loco.

Colgó el móvil al ver que era inútil. Encendió un cigarrillo y salió a la amplia terraza de su ático. Estaba anocheciendo. En el horizonte podía ver un resplandor, ¿un incendio? ¿Por qué no hacían nada los bomberos? No escuchaba los aviones dirigirse al lugar para arrojar sus cargas de agua. Miró a su alrededor, algunas zonas de la ciudad se habían quedado ya sin electricidad. En su edificio todavía contarían con electricidad durante un tiempo. Era una de las más modernas edificaciones que cumplía todas las normas de construcción, Internet en todas las habitaciones y paneles solares para ayudar a la reducción del uso de la electricidad de consumo. Pero no duraría.

Lo que más le ponía nervioso era el silencio. Durante los primeros días, durante la primera semana, había escuchado cada día llorar a los niños de los vecinos. Eran ruidosos. Pero en los últimos días había dejado de escucharlos. Bueno, seguramente los vecinos habían tenido la brillante idea de largarse. Era algo que tenía que hacer él mismo, pero… no las tenía todas consigo. Había visto cosas raras cuando se asomaba para ver la calle. Todavía no tenía claro qué estaba pasando. Y era mejor tener toda la información posible antes de salir de su refugio.

Esta última semana se había caracterizado por los disparos. Al principio no se escuchaban más que aisladamente entre todos los ruidos de la urbe. Coches, aviones, los silbidos de los trenes de fondo… Pero a medida que los ruidos de la ciudad habían ido desapareciendo, los disparos se habían ido aumentando. Hasta hacerse continuos y desaparecer hacía unas horas.

Podía ver de nuevo esas oscuras figuras vagando por las calles, al principio había pensado que eran heridos conmocionados, pero había algo raro en ellos. No sabía el qué.

Se acercó a su ordenador. Internet como la había conocido ya no funcionaba. Ahora para conectarse tenía que usar directamente la dirección numérica del servidor. Nada de letras. Menos mal que un hacker como él había ido recogiendo a lo largo de los años información suficiente como para no tener que preocuparse de esos detalles.

Las páginas privadas ya no existían. Los servidores de las grandes compañías seguían existiendo, pero seguramente gracias a instalaciones previstas para apagones, pero tampoco durarían indefinidamente. Aunque tenía un plan para poder guardar toda esa información y poder acceder a ella cuando la necesitara. Sabía que tendría que dejar su ático en algún momento. Pero no lo haría sin tener un plan.

1 comentario

  1. muy bueno , felicidades, seria ideal que hicieran una pelicula


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