Jornada 3: “Vida y milagros de G,” el salvador del mundo (I) Por JD


Un castillo para dominarlos a todos

G miraba la pantalla con cierta preocupación. Los encuentros con los zombies en los últimos meses se habían espaciado. El encuentro en la granja era el más grave reportado en los últimos tiempos. Y había sido a dos días más o menos de camino, tal vez cuatro en movimiento zombie. Además, casualmente, estaba ese espía…

Miró las paredes recordando los primeros días después de encontrar el castillo. Primero había habido que limpiar la zona. Parecía un buen refugio temporal donde esconder a las mujeres y a los niños mientras se decidía qué hacer de cara al futuro. Tenía una visión del valle estupenda, un acceso muy complicado y estaba recién remodelado. Por lo que pudo descubrir posteriormente, el castillo había sido remodelado para ser usado como atracción turística, como parador y lugar de vacaciones para turistas de lujo. Nunca llegó a inaugurarse. Los comienzos en el sitio habían sido difíciles. Había que limpiarlo… y no de polvo justamente, pensó sonriendo. El sentido de orientación de los zombies es terrible por no decir inexistente. No sabrían seguir una línea recta en un pasillo. Así que los zombies, que simplemente vagaban de un lado para otro buscando comida, a veces te los encontrabas perdidos en sitios remotos y de difícil acceso. Simplemente no encontraban la salida. Malditos no-muertos. Mortalmente estúpidos, pensó G sonriendo de forma cínica.

Pero nadie habría pensado que se quedarían ahí. Hasta que comenzaron a ver sus posibilidades. G no podía evitar pensar en que había sido el que más había luchado para quedarse en ese sitio. Veía su potencial. Sólo había tenido que vencer sus reticencias hacia su persona más que hacia el lugar. El lugar estaba acondicionado para vivir en él. Tenía un manantial propio, y también estaba la lluvia que llenaba los depósitos para casos de emergencias. Habitaciones acondicionadas. Salas de reuniones. ¡¡Baños!! (para los que tuvieron que habilitar un pozo negro). Aunque no contaba con electricidad. No se podía tener todo en esta vida.

Pero la solución era sencilla, placas solares. “Sólo” había que cogerlas e instalarlas y tendrían su propia energía eléctrica (por suerte entre ellos había gente que se dedicaba a todo tipo de cosas).

Se había habituado a vivir en ese sitio. Apenas salía fuera. Aunque los zombies no habían sido vistos por la zona en un tiempo, él se consideraba demasiado valioso como para arriesgar su vida. ¿Qué haría el grupo de supervivientes sin él? Le necesitaban.

Sabía que estaba evitando coger el teléfono, pero avisar al otro refugio de que a lo mejor tenían que volver al mismo y del encuentro con el espía no era precisamente lo que más le gustaba. No tragaba al encargado de la misma. Se creía que el mundo giraba a su alrededor y que le debían pleitesía. No sabía cómo le aguantaban los demás.

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