Diarios de la Primera Plaga (del diario de Doc). Por J.D. (VI)


Estaba cansado, sudando a mares, con los músculos gritando que dejara de usarlos. Y acababa de llegar el informático. Supongo que tocaría explicarte un poco querido e hipotético lector qué pinta un informático en la edad de piedra actual.

La lástima es que no podrás leer estas excelentes páginas y disfrutar de mi narrativa, dado que cuando vuelva a salir del castillo estas páginas serán arrancadas y quemadas. No es que no me fie de ti querido lector. Es que no me fio de los extraños. No te conozco y no sé que podrías hacer con esta información. Que es muy sensible y de la que dependen las vidas de bastantes personas. Como terapia está bien el llevar este diario, pero poco más, y creo que va siendo hora de que lo deje de lado.

Como iba diciendo, ¿cómo acabé encerrado en un castillo con un informático? Es una historia larga. Pero basta que sepas que es la persona que nos proporciona información y nos coordina entre los distintos grupos. Es un tío raro, cuando en su momento, por ejemplo, necesitamos los esquemas para montar paneles solares en el castillo y tener electricidad él los proporcionó. Claro que eso le hizo feliz. Le permitió tener electricidad y más equipos conectados a la vez. ¿Qué hace con esos equipos si el mundo se ha acabado? Ni idea. El caso es que tiene acceso a casi todo lo que necesitamos. Si necesitamos gasolina, él nos proporciona no sólo las coordenadas de gasolineras sino de refinerías y zonas poco conocidas que cuentan con depósitos de combustible. Si necesitamos vehículos, igual. Yo creía que ya no había Internet, ni GPS ni teléfonos móviles… un día me explicó que los satélites siguen surcando la órbita de la Tierra. Por lo que Internet por satélite era posible, así como los GPS’s, el problema era que la mayoría de servidores de Internet donde estaba almacenada la información estaban sin electricidad. Pero eso no significaba que no existieran ordenadores conectados todavía enviando señales. Estuvo varias horas explicándome cómo había conseguido detectar varios de esos ordenadores así como otros, y cómo parte de la información estaba almacenada en el espacio, y un buen montón de cosas que ya no recuerdo. Es que cuando se pone a hablar… no hay Dios que le entienda ni que le pare.

El caso es que iba recopilando la información que íbamos obteniendo en sus ordenadores, y nos la iba mostrando, además recopilaba las noticias de los grupos y montaba una especie de telediario para todos los habitantes del castillo. En el fondo no era mala persona, pero… tenía esa característica de algunas personas que por buenas que sean no hay manera que las tragues.

Pero gracias a él habíamos ido consiguiendo una calidad de vida decente. Y se lo agradecíamos. Pero ya tiene gracia que en un mundo sin informáticos acabes conviviendo con su único superviviente.

Su último proyecto era conseguir teléfonos vía satélite para ampliar nuestra comunicación a tiempo real y hasta el infinito. El problema era conseguir el material, adecuarlo, y explicárselo a todos. Había un problema de seguridad por lo que las comunicaciones tenían que ser encriptadas, y eso requería tiempo.

Pero él estaba seguro de poder conseguirlo. No tenía otra cosa que hacer.

Respiré hondo, y me preparé a darle las malas noticias que nos habían obligado a volver antes de tiempo.

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